lunes, 28 de junio de 2010

Chilangolandia (El Financiero 1996)

En principio cuesta trabajo entender cómo un señor que nació en Anenecuilco el Alto puede odiar con toda su alma a su paisano de Anenecuilco el Bajo, nomás porque quiso el destino que los separara el Río de los Perros. Sin embargo, así sucede y, lo que es peor, la tendencia es mundial. Prácticamente en todo el planeta los terrícolas se han dedicado alegremente a darse en la madre con sus semejantes por motivos muy diversos que casi siempre tienen que ver con que no les da la gana integrarse. Las razones sobran: en España los catalanes reaccionaron a los vetos que les impuso ese gran cerdo que fue el general Franco. En Estados Unidos les ha preocupado toda la vida que señores que no tienen los dientes rubios gocen de los privilegios del sueño americano... y así nos seguimos.
En México, más allá de nuestra --aparentemente inevitable-- tendencia a tratar a los pueblos indígenas como el cabo Rusty trataba a su mascota (o peor), el asunto tiene un peculiar matiz que es el de los chilangos. Un chilango (en la modesta opinión de nuestros vecinos de toda la República) es un ser gordo, soberbio y prepotente que llega a su región con una actitud equivalente a la de Hernán Cortés cuando visitaba sus feudos; todo le perece pueblo y se desespera porque no hay treinta cines y dieciocho estéticas caninas. En síntesis: es un mamonazo (que por cierto habla como Pepe el Toro).

Es muy probable que la visión sea justa. Sin embargo, no es pareja. Evidentemente todo aquel que crea que el nacer en la ciudad de México representa alguna superioridad sobre los demás no puede ser otra cosa que un pendejo, y el asumir que todos los chilangos lo somos me parecería un exceso (aunque tengo una lista bastante amplia de paisanos que efectivamente se manejan con una imbecilidad ejemplar).

El Distrito Federal es una ciudad que se llenó a base de inmigrantes, yo mismo soy hijo de un chiapaneco y una guatemalteca (a la que le mando un saludo) y este origen (creo) nos da una visión en la que nuestros compatriotas no son vistos como jijos de la mala vida. En cambio cuando uno viaja al interior de la República se encuentra con actitudes recelosas en el mejor de los casos, o de franca violencia en el peor. Ya he narrado en algún lugar cómo una vez, comiendo tacos de panza de perro con Javier Aguirre en la ciudad de Guadalajara, se nos acercaron dos judiciales con la saludable misión de ponernos en la madre nomás porque les caían gordos los nacidos en esta noble capital. Evitamos la madrina actuando con una actitud que en aquel momento juzgué rastrera (miramos fijamente al suelo como si ahí estuviera Demi Moore encuerada) pero hoy, con el asunto filtrado por la pátina del tiempo, sé que me permitió conservar los veinticuatro dientes que aún poseo.
El problema tiene su origen, además de la obvia asimetría en la distribución de bienes y servicios, en la enorme susceptibilidad con que se maneja la honra. El asunto consiste en defender al país, al estado, al municipio o a los colores del equipo de futbol de la tlapalería. Nos parece terrible, por ejemplo, que un senador gringo (en general un marranazo) diga que somos corruptos, que no es otra cosa que la verdad. Al mismo nivel y en otra escala es lo mismo que si alguien tiene la infeliz ocurrencia de declarar que San Juan de las Pitas es horrible o que fue a Jingüenécuaro y se comió una cochinita que lo dejó ciego. Podremos esperar los respectivos actos de desagravio, que en el último caso podrían consistir en una manifestación encabezada por puerquitos bien cebados.
¿A dónde nos lleva este encono? Evidentemente a ningún lado que no sea la sensación del ridículo ajeno cuando se observa que en el momento de mencionar el nombre del estado natal de algún señor, éste siente la imperiosa necesidad de gritar y aventar el sombrero para arriba (que es lo que hacemos los mexicanos en el extranjero).

Hago, pues, desde esta humilde tribuna un llamado a la reconciliación nacional, no movido por la hermandad sino por la necesidad que tengo de viajar con frecuencia y la comprensible expectativa de conservar la dentadura aunque sea hasta los cuarenta años.

13 comentarios:

Efren Schwarz dijo...

Mis actividades laborales me llevaron a lo largo de años a asisitir a cursos técnicos, de "superación personal" (que no eran mas que doración de píldora, tan inútiles como aburridos), de técnicas de ventas (que no son mas que medios de chantaje para endilgarle bienes o servicios a quienes no los quieren y/o necesitan. Estos cursos siempre fueron impartidos para toda la "fuerza de ventas" de las empresas en cuestión, todas estas empresas, donde tuve el dolor de trabajar tenían precencia a nivel nacional cuando menos. Asi que el las aulas se convertian en crisol de "estudiantes" de una diversidad de procendencias geográficas. En el aula conviviamos chilangos, norteños, costeños, yucatecos y demás etnias del país.
La calidad humana de los "no chilangos" era maravilosa, su sentido del humor digno de mención, su gratitud al "sentirse" acogidos por "chilangos" se manifestab cuando los visitaba en sus lugares de órigen....
Sin embargo su desempeño "académico" era inferior.. dicho esto con cierta condecendencia, en las cursos de aspectos técnicos en general su capacidad de entender era muy restringida al grado de que debían aceptar cuetiones tecnológicas como dogmáticas. Por otro lado.. en los de "superación personal" en vez de cuestionar postulados como los del Cacha en sus disertaciones nocturnas los aceptaban como si fueran verdades universales.. 2 mas 2 son cuatro y "querer es poder"...
Por eso digo ... los provinicianos son a toda madre.. pero de que son pendejones.. ESO QUE NI QUE.. UN ABRAZO ... a ver como me va con esta pinche comentario

Latamoderna dijo...

¡¡¡¡Cambiaste de diseño!!!!

Rous dijo...

En este bello país hay de todo, como bien señala Fedro; conozco personas y familiares en el D.F. que tienen un elevado nivel cultural, enriquecido por el amplio espectro de posibilidades concentradas a tan pocos kilometros a la redonda como lo es la Ciudad de México. Conozco igualmente a personas y algunos primos que viven igual en el D.F. quizá al alcance de ese mismo espectro, pero con un nivel intelectual bastante deplorable, que no les alcanza mas que para vivir en el vicio y la delincuencia todos los días, que viajan a provincia a hacer desmanes.
Ciertamente la mayoría de la gente de provincia no tiene los alcances académicos que el DF, no se diga de los tecnológicos, quizá algunos sean "pendejones" como dice Efrén, pero creo que es un error el generalizar. Hay personas sumamente preparadas y con altísimos niveles intelectuales y académicos regados en todo el país.
Acabo de leer tu comentario Efrén y no haces si no sumarte a la lista de los chilangos, que por tener lo que tienen y saber lo que saben creen tener y saber más que otros, estén o no estén en el DF. La cosa es que no voy a pensar que todos los chilangos son como tú, puesto que no tiene sentido.
Ojalá dejes a un lado esas ideas de "pendejear" o hacer menos a las personas, detente un poco y reconsidera, quizá no valga la pena.

Fedro Carlos Guillén dijo...

Yo nomás mirando como el chinito pero agradecido por sus comentarios

Efren Schwarz dijo...

Rous tiene razón.. la pendejada y el pendejón fui yo al generalizar... Analizando sin afán de chacoteo, creo que vivir en una ciudad como el DF, Nueva York o París, genera de alguna forma una capacidad mayor de "subsistencia intelectual" sobre quienes viven en ciudades mas pequeñas. A manera de ejemplo, la gente que vive en zonas urbanas tiene una mentalidad muy diferente a la que vive en zonas rurales, no digo que alguna de ellas sea buena y la otra mala, simplemente diferente y de un extremo al otro en este abancio la mentalidad va cambiando.
La palabra "pendejones" no pretendía, quizas estúpidamente, que tuviera una acepción pellorativa, sino más bien quize utilizarla con la acepción de "muy inocentes", o "poco maleados".
Tengo la certeza de que los chilangos no somos ni mejores, ni más inteligentes, simplemente estamos mas maleados, somos menos inocentes.

O no?

Rous dijo...

Entendido pues.
Tienes razón Efren y estoy de acuerdo con lo que señalas al final de tu último comentario. Las circunstancias de vivir en el D.F. les exige interactuar con los ojos más abiertos; maleados o no, aplaudo la apertura y aceptación a la diversidad de este país del que formamos parte, sean chilangos, provincianos o chamulas.
Saludos al dueño del blog, por permitirnos usarlo para vaciar ideas.

Fedro Carlos Guillén dijo...

El "dueño" del blog los saluda

Guadalupe Fabiola dijo...

Efrén como siempre dices las cosas con tus palabras favoritas pero como ya aprendí a conocerte sé que no lo hiciste con afán de sentirte todo un dios casi elevándose, efectivamente la gente de provincia somos más ingenuos y agradecidos pero no menos inteligentes, la educación sí está por los suelos y solo 1 o 2 Colegios de paga que si desquitan su precio los demás son iguales que las escuelas públicas y en cambio en el df si tienen más oportunidad de estudiar con otro nivel académico.

Si es cierto la gente de provincia somos más “inocentes” a mí varios amigos del df me lo han externado, ellos se quejan que soy muy “confiada” (por el tono sé que me quieren decir pendeja), e incluso si vas a uno de nuestros pueblitos más pequeños, la gente en la calle te saluda con mucho respeto y se quitan aún el sombrero un defeño diría que está loco.

Siempre he peleado con mis amistades que estudien, que lean, que investiguen, todo el acontecer diario y temas que les interesen para autoaprender, pero no, para existen las distracciones mayores TV… hasta hace poco no entendía porque la gente se deja llevar por Televisa y TvAztk con sus estúpidos comerciales del futbol y los criticaba a morir, el domingo estuve en el DF y por “ingenua” jajaj no es cierto por tonta y no pensar FUT+ZOCALO=LOCURA, bueno el chiste que anduve por el centro del DF vi tanta gente con sus playeras verdes, con matracas, con banderas, etc., una cara de felicidad que no comprendía yo que hacían asoleándose a lo “buey” … cuando perdió México (era algo predecible) no hombre me sorprendió las caras de infelicidad que vi, unos llorando, otros agrediendo entre ellos, … la verdad me contagiaron ese ánimo de melancolía, lo peor q me hicieron sentir una tristeza sin explicación porque a mí el futbol no me llama la atención.
Fue entonces que me di cuenta de la triste realidad de la gente de México, la gente quiere aferrarse a algo, quiere una ilusión para salir de su realidad… en fin..
Jijo esto último no era el tema jajaja sorry, pero bueno ya lo escribí.

Efren Schwarz dijo...

Asi es Fabi.. tu me conoces más.. primero no hay nada malo en ser pendejo.. yo soy un pendejazo EN EL FUTBOL!!! cada quien tiene sus áreas de pendejez, otros en matemáticas, otros en dirigir paises.. en fin..Quizas la definición de la palabra pendejo es "individuo con una área del conocimiento físico o intelectual poco o nada desarrollada" creo que de esta no nos salvamos nadie. .Bueno fuera del dueño del Blog..

Eduardo Capdeville dijo...

Y me imagino al Maestro Fedro como arbitro de Tenis viendo el peloteo de una cancha a otra y de regreso...

Yo conozco gente muy valiosa súmamente inteligente y capaz en los Estados de la República, talvez eso si, cuando salimos del DF toda la vida se hace lenta, ¿y que chiste tiene cruzar toda una ciudad en unos minutos? El chiste es aguantarse horas para avanzar unos pocos kilómetros, nosotros los chilangos si sabemos como sufrir, verda´de dios! (Hablando como Pepe el Toro).

Eduardo Capdeville.

Fedro Carlos Guillén dijo...

En este caso el arbitro de ténis fascinado con el peloteo. Creo que parte de lo interesante del blog o por lo menos lo que me atrapa es que lo usen como un foro para intercambiar ideas con la modesta provocación del artículo
Abrazo a todos
Fedro

Yo dijo...

Pos yo nomás les digo (con todo respeto) que provinciana será su chingada madre, estimo mucho los escritos de Efrén, pero provincia sigue sonando a "pueblo" y comentarios tan inteligentes de Don Efrén sugieren que tiene la gran idea y la mente tan amplia que pasando el periférico todo es cuautitlán.

El no vivir en una masa poblacional, ni sometidos a niveles tan altos de plomo en la sangre hace que a muchos de los que vivimos fuera de el área conurbada que comparten varios varios millones de capitalinos, nos percatemos que la vida no tiene que ser tan acelerada ni porque vivir con malicia.

Desconozco en que aulas cursó sus letras el sr. pero te puedo mencionar cientos y cientos de académicos con trabajos internacionales publicados en revistas arbitradas e indexadas en las mas diversas índoles del conocimiento humano que NUNCA han puesto un pie en la capital del país para adquirir conocimientos en un aula (si acaso de vacaciones o para presentar sus trabajos)

Generalizar es tan inteligente como los extranjeros que nos ven y esperan que estemos vestidos de charro traigamos espuelas montemos a caballo y carguemos un pomo de aguardiente, en vez de estar vestidos con ropa acorde a cada ocasión (deportiva para gimnasio, formal para el trabajo, aun mas formal para reuniones etc.)

También la gran mayoría de los que vivimos de dicha area conurbada capitalina nos damos cuenta de lo "inteligentes" que son muchos de los que ahí viven al llamar "quesadillas" a una pinche empanada frita que tal vez nunca vea el queso, quizás sea demasiado exigir a sinapsis inundadas de plomo que asocien QUESadilla con un lácteo llamado QUESo. O hacerles ver que meter un tamal adentro de un bolillo no tiene nada de delicioso ni manjaroso sino que es una mentada de madre para tu páncreas. Y ni como informarles que con los 17 estados costeros de nuestro país el "Interior" de la república en realidad son los que viven ahi.

En fin se que no son todos y tengo excelentes amigos, compañeros y alumnos nacidos en el DF a los que se les puede llamar simplemente capitalinos, "chilangos" sin sentido peyorativo dado que no quieren conquistar ni civilizar "provincianos" ni a la gente "del interior"
Esos son mis amigos chilangos, los demás, los ojetes, simplemente son "DEFEQUENSES"

Yo dijo...
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