lunes, 24 de agosto de 2009

Seis razones para no quedarse calvo (Etcétera 1994)

Este es un mundo en el que la diversidad es una constante; existe gente alta, flaca o gorda. Hay quien tiene verrugas con pelos en la cara o lunares siniestros. El color del cabello puede variar desde el pelirrojo (cuyo poseedor se apodará inexorablemente Archi de por vida) hasta el morado tipo algodón de azúcar de las viejitas octogenarias.
Es precisamente de pelo (debería decir de su ausencia) que quisiera hablar en esta oportunidad... veamos:
Cuando un niño llega a la adolescencia, sufre una serie de cambios notables: después de hablar unos meses como Pepe Trueno se le engruesa la voz, se anuncia la aparición de la barba y el bigote (aunque hay excepciones como mi amigo Toño Mancebo que a los doce años parecía Carlos Marx) y le salen chipotes por todos lados. Además se llena de vellos en sus vergüenzas y empieza a corretear a la sirvienta (o siguiendo la sabiduría de Chucho Murillo, se lleva a la novia los Dínamos). Entonces aparece en escena el tío Julián, se le queda viendo al púber y anuncia:
--Ese niño va a ser calvo.
El pronóstico se cumple inexorablemente.
Los calvos de nuestros tiempos son un equivalente piloso de los leprosos de la antigüedad. En la escala de la desgracia social, los pelones se encuentran un escaño abajo de los gordos gelatinosos e inmediatamente arriba de los judiciales con diente de oro. Recuerdo que cada vez que le iban a presentar un candi(¿dote?) a mi tía la del árbol (llamada así porque hizo mierda un árbol de Navidad una noche de copas) preguntaba: ayyy ¿y no es pelón?.
Esta opresión hacia los alopécicos ha determinado respuestas francamente indecorosas. Un argumento paradigmático que enarbolan los grupos pro-calvo, apela a la apostura de Yul Bryner, Sean Connery o Robert Duvall. Desde luego, no conozco a ningún calvo que se parezca (ni a nivel celular) a los actores mencionados, al contrario, sus símiles más logrados son Lex Luthor, el señor Paz o Pistachón Zig-Zag. Estas comparaciones no pueden sino ser un camino directo a la depresion.
Otra razón que justifica la calvicie, es aquella que atribuye a los hombres sin pelo una inteligencia notable. Esta, por supuesto, es una tontería. Podría dar una lista interminable de calvos cuyo coeficiente intelectual es equivalente al de una puerta de baño.
La tercera falacia acerca de la calvicie plantea que los pelones son muy viriles y se nos dice (no sin cierta vulgaridad) que tienen pelo donde se debe. Mentira, el espectáculo más repugnante que he presenciado en mi vida sucedió en Huatulco cuando presencié a un pelón untarse crema de coco en una espalda que parecía tapete de avión. La mezcla entre el aceite y el pelambrero era escalofriante.
En realidad si de buscar razones se trata, es mucho más simple hallar un ramillete para que todo aquel que sienta su cabellera en peligro la conserve a toda costa. Revisaré a continuación algunas de estas razones:
1) EL QUESO DE OAXACA.- No hay que quedarse calvo porque uno de los recursos más siniestros para ocultar la ausencia de pelo es la técnica del quesillo. Es muy simple: el pelón se deja crecer hasta la nuca el pelo de uno de sus costados, posteriormente toma un litro de goma de tragacanto y se acomoda la masa pilosa sobre la coronilla. Al verlo uno recibe la vaga impresión de que el sujeto en cuestión trae un gato en la cabeza. Un segundo problema es que al meterse a la alberca, nuestro protagonista tiene que nadar con la testa de fuera, como hacen las viejas gordas en Oaxtepec. Además cada que hay ventolera es necesario inclinarse a favor del aire lo que le confiere al pelón un aire como de Karen Carpenter cantando Close to you.
2) EL PUNTO DE REFERENCIA.- Uno no debe quedarse calvo para evitar convertirse en una referencia obligada. "Allá, al lado del pelón" dice la gente. Una derivación terrible es la que determina que durante la celebración de las fiestas patrias en Coyoacán, la coronilla de un hombre calvo, sirva como objetivo para una lluvia de elotazos que lo pueden dejar pendejo de manera indeleble.
3) EL FUTURO POLITICO.- No hay que quedarse calvo si se tiene alguna ambición política, recuerde que tres de nuestros últimos cuatro presidentes han sido calvos. Esto quiere decir, de acuerdo a mi amigo José Luis Osorno un experto en estadística, que la probabilidad de que los siguientes seis mandatarios de nuestro país sean pelones, es de 1/54, cifra necesaria para atinarle al Melate. La sabiduría de esta predicción se confirma al analizar a los candidatos a la presidencia; podríamos, en un abuso retórico, decir que a lo mejor no hay propuesta pero eso sí, mucho pelo.
4) EL BISOÑE.- Probablemente el último recurso de un pelón es el bisoñé. Por algún misterio indescifrable, los diseñadores no han logrado producir un peluquín veráz y esta incompetencia salta a la vista. Cuando uno se fija en alguien que trae su aplique destacan inmediatamente dos factores: a) parecería que el pelo le emerge del bulbo raquídeo y no de la nuca como a la gente normal b) el interfecto evita estornudos, toses y en general todo movimiento que pueda hacer peligrar la integridad de su melena. Esta última característica lo convierte en un equivalente urbano de Gandhi, nomás que con peluca. Además ¿qué tal si el dueño del peluquín se involucra en un lance amoroso y su amada le quiere acariciar el pelo? ¿Se quedaría con él en la mano? Guácala.
5) LOS IMPLANTES.- El único señor que al que le vi un implante parecía muñeca Mi Alegría, se le notaban unos puntitos rojos de los que salían muy timidamente unos pelitos como de tapete para las visitas.
-Se hizo un implante- me dijo mi mujer muy quedito, y agregó: -le salió a dólar el pelo.
-¡Quééé!- grité -¡¿un dólar por pelo!?
Georgina nunca me lo perdonó.
6) LOS CHISTESAZOS.- Una última razón para no quedarse calvo es para evitar convertirse en el blanco de chistes mamones entre los que destacan: a) no tienes un pelo de tonto b) :agáchate porque das charol" c) tráes quemacocos y palanca al piso d) ya se te ven las ideas... etcétera.
No, en realidad la gente nunca debería quedarse calva por estas y otras muchas razones. Sin embargo hay ocasiones (como en mi caso) en que es demasiado tarde.
Ni modo.

domingo, 23 de agosto de 2009

De bancos (El Financiero 2001)

Mi experiencia en materia bancaria es tan vasta como la que poseo acerca de la literatura noruega del siglo XIV, los bancos son para mí un mundo misterioso que ha evolucionado desde la idea genial de algún emprendedor consistente en pagarle a alguien por guardar su dinero, hasta instituciones todopoderosas llenas de ventanales y jergas inaccesibles como cetes, tasa líder o rendimientos líquidos. Al igual que usted, querido lector, he tenido que asistir a los bancos con el propósito de realizar algún trámite ineludible. Normalmente se llega a una especie de gusano en el que la gente madrugadora ya está haciendo cola. Uno toma el turno que le corresponde y se dispone a esperar. El tiempo normalmente es el mismo que tomaría armar un vehículo compacto por lo que la sugerencia es llevarse las obras completas de Tolstoi. Cuando uno finalmente llega al último de espera se inicia la cacería de un foquito que se prenda y apague indicando la caja que está disponible. El ejercicio supone una presión equivalente a la que sufren los estudiantes japoneses ya que normalmente la gente que viene atrás se encuentra tan exasperada que si uno no reacciona en tres segundos, viene un codazo y la indicación de a donde dirigirse. El contacto con el cajero o cajera es normalmente equívoco ya que se realiza a través de un vidrio blindado de dos pulgadas que si bien evita que los rateros se lleven la lana, no es precisamente un artefacto que favorezca la comunicación (en una ocasión entendí que la cajera me decía: “¿es usted el efectivo?”).
En una de cada tres ocasiones el cheque no se puede cambiar por razones diversas; que van desde la falta de una identificación adecuada hasta que las firmas no coinciden pasando porque “no hay sistema”, esta última explicación es muy funcional ya que, a diferencia de no poseer la credencial de elector o haber firmado el cheque en estado de ebriedad, le asigna una responsabilidad decisiva al éter y contra eso no hay manera de sentirse agraviado.
Con el sistema bancario han ocurrido cosas muy curiosas; originalmente era propiedad de señores muy ricos a los que les dio el supiritaco de su vida el día que López Portillo anunció que la banca se nacionalizaba, para el ciudadano común (es mi categoría) la decisión no era clara y probablemente obedecía a que los banqueros eran una punta de desleales a la Nación. Posteriormente quedó claro que los que se habían clavado la lana eran justamente los gobernantes y Miguel de la Madrid decidió enmendar la situación volviendo a vender los bancos. Me explican que éstos fueron una ganga y permitieron que gente con los talentos de Cabal Peniche o El Divino armaran su patrimonio y el de diez generaciones de sus sucesores. Luego vino la crisis y entonces el gobierno decidió “rescatar” a los bancos que se iban a pique, para ello tomó el dinero que todos nosotros pagamos y anunció la medida como un acto de protección a favor de los ahorradores y no de la banca. Aquí empiezan los misterios; tengo conocencias que babeaban bilis cuando se anunció el subsidio a la leche liconsa pero no veo una reacción equivalente cuando el gobierno decide sacar del arroyo a un grupo de banqueros a los que en muchos casos nomás les faltaba el antifaz y el saco.
Acto seguido vino la apertura; de pronto uno entra a una cosa que se llama Scotia Bank o BBV que quiere decir que existen Bilbao y Vizcaya (esta última opción tiene la virtud de recordarnos las clases de geografía). La última noticia que recibí es que Banamex será vendido por 12 mil millones de dólares y supuse, como lo haría cualquier persona que no es idiota, que si el gobierno le dio lana a Banamex para sobrevivir, la lana regresaría al erario, pero nones, no hay regreso ¿por qué? Porque a nadie se le ocurrió. La noticia se complementa con el anuncio de que la operación está libre del pago de impuestos y finalmente la cereza del pastel nos la ofrecen las tasas de interés que pagan los bancos por los ahorros (una porquería) y los que cobran a los usuarios de tarjetas (un robo).
Y luego se quejan.

sábado, 22 de agosto de 2009

Profecías (La Mosca 2007)

Existe un programa que se llama “Primer Impacto” dirigido a la comunidad latina en Estados Unidos que demuestra limpiamente varias cosas. La primera y más conspicua es que las conductoras están que se caen de buenas y hablan como los cubanos que narraban el beisbol en los años cincuenta. La segunda y evidente lección consiste en que los contenidos del programa son de lesa humanidad; uno puede hallar un peruano menesteroso que abusó de su prima o una colombiana que dice que en su ranchería hay un fantasma. También es posible apreciar a un mexicano en Los Ángeles que se come cuatro kilos de pozole o algo tan fascinante como la colecta que se armó en El Salvador para que una banda de esas con penacho y epilepsia, pudiera viajar al desfile de las rosas. Lo notable es que nadie pone la cara que debería ponerse en tales circunstancias por lo que las notas siguen. mientras un servidor, que poco comprende, simplemente se queda viendo a las locutoras buenonas pensando en la forma de sacarlas de trabajar y liberarlas de su miseria,
Hace unos días en el citado programa apareció un señor que procederé a describir; se hallaba en un cuartucho y sentado frente a una mesa de la que brotaba humito producido por la incandescencia de algo no reconocible. El sujeto estaba en camiseta y tenía una barba muy parecida a la de Tolstoi o a la de Darwin nomás que bicolor al gustado estilo de Yolanda Montes “Tongolele”. El pelo era ligeramente grasoso y recogido hacia atrás con una peineta española….Se trataba de el Profeta.
Este buen hombre dedicó quince minutos de su tiempo y el nuestro a darnos los vaticinios del año venidero en un espectáculo tan arriesgado como ponerse los calcetines en la mañana. Por ejemplo anticipó que el 2008 será “un mal año” para Fabiruchis, para lo cual no se necesita una bola de cristal, sino leer la página policíaca de noviembre o que Niurka se va a separar de su sexto marido lo que tampoco supone un profundo mérito profético. Por supuesto me consideré defraudado y estuve a un tris de mandarle una carta a los ejecutivos de la cadena pero no conseguí los abajo firmantes necesarios. Es por ello que decidí hacer mis propias profecías para el año entrante, mismas que someto a su consideración, querido lector.
1.- El Frente Amplio Progresista dirá reiteradamente que tenemos un Presidente espurio y tratará de clavar a don Genaro Góngora como titular del IFE. Es seguro que los manden a la tiznada y que los consejeros electos no cuenten con el aval del PRD que protestará y cada elección que pierda durante el sexenio la atribuirá a los sesgos partidistas.
2.- Brittney Spears se tomará hasta la glostora acacia en una salida nocturna y acto seguido besará a su acompañante (independientemente del sexo o la especie). Luego chocará con un pirul y entrará a una clínica de rehabilitación mientras pide una disculpa a sus fans en su página web.
3.- Un desastre natural asolará el sureste mexicano, los medios se movilizarán oligofrénicamente, la gente se movilizará y alguien, al final del día, advertirá que el siniestro era predecible por lo que se iniciará una investigación que no llegará a ninguna parte.
4.- Algún diputado o senador será sorprendido en un escándalo que puede ser variopinto (orinarse borracho en los arriates de Reforma, entablar comunicación telefónica con un opositor mientras dice palabrotas, poseer cuatro casas en la Costa Azul con servicio de yates etc.). Se iniciará una investigación que no llegará a ninguna parte.
5.- Se transmitirá el programa de concurso “copulando por la casa de mis sueños” en el que los participantes ensayarán técnicas de kama sutra frente a un jurado compuesto por señores y señoras afectadas. El ganador obtendrá una vivienda del Infonavit libre de gravámenes.
7.- Vicente Fox hará una declaración megatónica como: “la democracia soy yo” o “saquen a ese gorila de Caracas”. Activará todos los radares de la Secretaría de Relaciones Exteriores y todo quedará en una anécdota más.
8.- Roberto Madrazo NO correrá el maratón de Berlín.
¿Vieron que fácil?

viernes, 21 de agosto de 2009

Graduaciones (La Mosca 2008)

En estos días vacacionales los niños Frijol y María (que son míos y no suyos, como dice la gente pendeja) han salido de vacaciones generándome envidia de la buena, porque cualquiera que no sea imbécil (ingenuamente pienso que no lo soy) sabe que es mejor descansar dos meses que tres días por año, como lo he hecho yo los últimos diez.
En fin, llegó la ceremonia de graduación en la que mi hija –que sale de primaria, no crea usted que del doctorado- me advirtió que no me vistiera como refugiado polaco, que es como habitualmente lo hago y me presenté con un conjunto primavera-verano y el pelo a rape a atestiguar emocionado el último día de la niña María. Aquello fue una prefiguración del infierno. Por principio de cuentas alguien con iniciativa pero no muy lúcido, decidió que era buena idea que todos los graduados echaran un discursito lo cual sería razonable si fueran cuatro niños pero en realidad eran como sesenta. Baste un cálculo elemental para entender que aquello resultó un martirio chino en el que escuché cosas como: “me voy pero me quedo” o “los llevo en mi corazón o nada porque había varios niños que no sabían leer. Debo decir sin tapujos que María se desempeñó con mucha sensatez y cuando todo terminó supuse que era el momento de pasar a retirarnos…que equivocado estaba.
Vinieron los premios, que si al esfuerzo, que si a la mamá del muerto y se nos fue otra limpia media hora en la que empecé a sufrir sudoraciones en la zona inguinal en medio del calorón y con mi traje de pelagatos. Acto seguido vino una misa de acción de gracias en la que (gracias a Dios, justamente) nos excusamos de participar dada la condición familiar agnóstica, por lo que nos fuimos a comer un helado.
El siguiente acto del aquelarre consistió en dirigirse al lugar donde sería la comida, una madre inmensa que parecía decorada por Elba Esther Gordillo. Al bajar del auto el señor que los estaciona me dijo “son sesenta pesos joven”. Parpadeé lentamente y traté de explicarle que el coche era mío y no quería pagar por su renta pero no hubo suerte así que entré con la sensación que tiene alguien que acaba de ser despojado y me dirigí a la mesa correspondiente. Me froté las manos y le pregunté al mesero acerca de las bebidas de carácter embriagante, esta vez el que parpadeó fue justamente él y me dijo “las que usted traiga”. En ese momento me di cuenta de que ya había valido madre dado que nadie me avisó de tal regla etílica por lo que pedí un wisqui, el mesero esta vez me explicó –didáctico- que solo vendían por botella y costaba ochocientos pesos. Cabe aclarar que mis vecinos de mesa eran dos señoras abstemias, un adolescente sin edad legal para beber y una pareja que sospeché eran cura y monja nomás que de corbata y vestido por lo que renuncié a la segunda idea y me tomé el vino de mesa que si venía incluido.
Esa tarde ocurrieron cosas notables, unos niños que imagino lectores de esta noble revista se pusieron a tocar rock logrando el milagro de que un mesero tirara el pan del puro susto al primer guitarrazo. Otra niña se colapsó a mitad de la sesión de video en medio de un ataque de algo indescifrable lo que me permitió escuchar por primera vez en la vida real la frase. “¿hay un médico en la sala?”.
Luego vinieron los sagrados alimentos que eran dignos de una demanda penal, el espagueti tenía la misma consistencia que los cartones que mete la gente que tiene hoyos en las suelas de los zapatos, la ensalada contenía un queso del que obtuve una muestra para enviarla al Instituto Nacional de Investigaciones Nucleares y el postre contenía 18 567 calorías por ración por lo que varios estuvieron a punto de sufrir un coma diabético.
El final fue de antología, de pronto observé hacia las mesas de ruleta (insisto, había alguien con iniciativa) y vi al niño Frijol, poseído por el demonio del juego con los ojos inyectados y babeando algo verde, lo retiré de inmediato pensando en la imagen de Gustavo Ponce en el bote.
Salimos ligeramente vapuleados pero contentos por María (que sabe que la quiero y solo por eso me permito esta cursilería)

jueves, 20 de agosto de 2009

Dobladitas de cine (Milenio 2009)

“El doblaje es casi un pecado” ha declarado recientemente el maestro David Lynch, refiriéndose a la maldita costumbre que se tiene en algunos lugares del mundo de transmutar la voz original de algunos actores por algún modelo autóctono.
El caso más dramático que he vivido ocurrió en España, porque dramático es observar a Orson Welles hablando como Juan Lejido el de Los Churumbeles o a Harrison Ford sugiriéndole a un replicante que se “vaya a tomar por culo”. Esta costumbre ibérica –arcaica y premoderna- no ha podido ser superada, es por ello que si usted, querido lector tiene la oportunidad (“tiene la oportunidad” es imbécil) de viajar a la Madre Patria, le sugiero encarecidamente que se aleje del cine como uno se aleja de una plaga de langostas. Sin embargo, en México no nos quedamos atrás; durante años he escuchado el reiteradísimo argumento de que, en materia de doblaje somos como nadie. Pues bien lo anterior me parece una desgracia irremediable que, para fines analíticos puede ser dividida en dos categorías.
Por un lado se encuentra la mexicana costumbre de doblar a alguien ¡en el mismo idioma! Esta técnica ha sido frecuentemente usada cuando los actores tienen voz de taquero o de chotacabras pero su presencia es imprescindible en la pantalla. Recuerdo, por ejemplo las películas de Santo, el enmascarado de plata, en las cuales un señor con mallas y máscara decía con voz de tenor cosas como: “debemos detenerlos antes de que destruyan al mundo”. Lo notable es que el doblaje era tan malo que daba la vaga impresión de que Santo era en realidad un ventrílocuo de Las Vegas ya que se lograba observar el prodigio de que hablara sin separar los labios. El doblaje, es por otro lado, una fuente de misterios semánticos que pueden troquelar a un niño pendejo (es mi triste caso). Durante años pensé que la frase “No le mate Hoss…déjeselo a la ley” era una forma natural de hablar hasta que reprobé dolorosamente la materia de español en cuarto de primaria.
El otro tipo de doblaje es el que se hace a cintas en idioma extranjero y que también está lleno de asuntos que son impenetrables para mí. Por ejemplo si uno asiste a una película china que –como consecuencia lógica se habla en chino- lo que se espera es que los actores digan sus diálogos en ése idioma y no en el propio de la colonia Portales. Peor aún, los encargados del doblaje consideran en este caso que lo idóneo es tratar de ofrecerle al respetable un español “chinizado” (me hago cargo del neologismo) y entonces hacen hablar al protagonista de la siguiente manera: “Wang Foo ha tlatado de entendel tu propuesta pelo se ha quedado en blanco”
Mierda.
El doblaje, supongo, nos enfrenta a retos intelectuales de carácter descomunal. Me imagino en este momento a un señor en Austria tratando de descifrar el acento de La India María en su gustada película “El miedo no anda en burro” y no tengo más que expresar mi solidaridad sin el menor regateo.
Son varias las hipótesis que permiten tratar de entender la “industria del doblaje” la más señalada –lo he escrito antes- es que obedece al nivel de analfabetismo de una nación. Supongo que es razonable pensar que un niño que no sabe leer puede ver al osito Pooh cantando que es una nubecita en español. Sin embargo ¿los adultos? Uno podría pensar que las opciones dobladas lo son para la gente analfabeta, sin embargo, no es absurdo –también lo he dicho ya- asumir que la gente en estas condiciones no es precisamente usuaria de los servicios de esos cuchitriles que responden al nombre de Cinemex.
Resulta evidente, hasta para alguien imbécil como yo, que cualquier propuesta cinematográfica o audiovisual debe ser respetada en su formato original y dejarse de mamadencias como colorearla o ponerle la voz del finado Víctor Alcocer. Pero parece una costumbre personal que yo navegue a contracorriente de gente lista que considera que Thalía en su controvertida personalidad de María la del Barrio aparezca en la provincia de Hunan hablando en chino mandarín, lo que dicho sea de paso, es una broma de muy mala madre.