viernes, 14 de agosto de 2009
Ídolos (La mosca en la pared 2007)
La televisión es una fuente de imbecilidad profundamente inconmensurable. Uno puede encontrar a una señora que es señor y da el horóscopo para luego cambiar de canal y encontrarse con una gorda que modera un programa en el que los asistentes cuentan sus miserias emocionales y se agarran a madrazos porque pasó la mosca (en la pared). Solo en una pantalla de veintiun pulgadas uno puede hallar gente como el perro Bermudez que desde mi punto de vista es un crimen de lesa humanidad o a una nube de idiotas que dan brinquitos en una tabla simulando un circo para que una nube más amplia de idiotas aplaudan. En la tele también he visto a un señor que se llama Jaime Maussan cuyas características distintivas son las de tener un ojo chueco, hablar muy raro y anunciarnos que los ovnis nos visitan diariamente de tres a seis, lo que siempre me deja la duda de por qué solo los ve él y no el resto de los mortales. El misterio es que a través de estos “avistamientos” este buen hombre se ha hecho de un modo digno de vivir.
Muy bien, las reglas son esas y el que no las quiera aceptar puede simplemente no prender la televisión o fugarse al pico de Orizaba, como no es mi caso, de noche en noche prendo el aparato e invariablemente me quedo estupefacto de lo que veo. Esta vez me encontré con una madre que se llama “American Idol” cuyo formato es elemental, se trata de que una turba de señores y señoras que creen que cantan, se expongan ante un jurado que describiré a continuación: primero hay un gordo de color negro que se viste como se visten los padrotes de balneario y que por algún misterio semántico llama “dog” a los concursantes varones, luego está una señora que se peina con tubos, se llama Paula Abdul y, según me relatan mis fuentes, conoció en el sentido bíblico a uno de los concursantes. El tercero en discordia es un señor británico que tiene el pelo como las laderas del nevado de Toluca y tiene la virtud de ser mamoncísimo, se llama Simon y aparentemente todo mundo sabe lo que le espera al encontrarse con él.
El programa inicia con un jovenazo que es el presentador y que da entrada a los concursantes. Normalmente los proto cantantes son gente que debe vivir aislada en las montañas ya que cantan como la mamá del muerto a gritos y haciendo el ridículo. El siguiente paso es que los jurados los hagan mierda y salgan de un cuartito muy molestos. De vez en cuando hay uno o una que no lo hace tan mal y recibe un veredicto aprobatorio que le hace dar brincos, llorar y abrazar a su señora madre que espera afuera llena de ansiedad.
Los cantantes son eliminados como en la canción de los perritos y cuando ya queda una docena se le junta con algún señor que es famoso (el que a mí me toco en suerte observar se llama Barry Gibb o lo que queda de él). El famoso se pone al lado de un piano y les pide a la docena que canten sus canciones, los concursantes lo hacen y les da consejitos del tipo “cuando llegues a esta nota infla el pecho” y luego los elegidos van al salón de belleza y se presentan en un salón enorme con orquesta y todo. El público es netamente gringo, es decir gordo, y aplaude mientras un letrerito nos anuncia cosas como “familiares de fulanito de tal”. Uno de los participantes que era igualito a Mowgli y se llamaba Shamalaya, Shajualalua o algo así cantó algo espantoso y fue pasado por las armas por los miembros del jurado, lo que provocó un pleito entre el maestro de ceremonias y el del pelo como el nevado. Me quedé muy impresionado de ellos y de mí que tuve el temple de ver el programa completo y correr a escribir esta nota para que ustedes, queridos lectores, me digan si soy un pendejo que no entiende las cosas de la vida moderna.
jueves, 13 de agosto de 2009
Subastas (El Financiero 2001)
Siempre he pensado que las subastas son eventos a donde asiste gente muy rara y llena de conocimientos que el resto de los mortales no poseemos. Se me ocurre, por ejemplo, que están a la caza de gangas que nadie advierte o que buscan cosas que un servidor ni borracho adquiriría como una silla de cocina del siglo XVI o un frutero oriental de la dinastía Chung. A la hora fijada a parece un señor muy elegante de buena voz que lee algo como: “cinturón de castidad, siglo XIII, policromado, sin llave original”, mientras esto ocurre un edecán alza a la vista de todos una especie de casco vikingo lleno de herrumbe y entonces empiezan las pujas. De acuerdo a la ortodoxia uno no debe cometer la naquencia de alzar la mano (que es lo primero que se me ocurriría si estuviera interesado en tal artefacto), no, la elegancia recomienda la mayor sutileza en la oferta. De esta manera lo que un observador puede apreciar mientras transcurre la subasta es a un grupo de señores llenos de tics que se agarran el bigote o se hurgan la nariz. Al final el objeto subastado es asignado al mayor ofertante y todos le dan un aplausito.
Así las cosas el pasado martes me enteré al leer este periódico es que la empresa Chivas Regal celebra sus doscientos años y para tal acontecimiento ha tenido la saludable idea de hacer una subasta cuya recaudación se utilizará con fines benéficos en una especie de Teletón del primer mundo. Hasta ahí no tengo problema; que los ricos le den a los pobres si bien no soluciona nada, hace la diferencia para el pobre que recibe y para el rico que alivia su alma. El problema, en realidad, tiene que ver con los lotes a susbastar, algunos de los cuales procedo a analizar:
Visite el Vaticano con los Caballeros de Malta y tenga una audiencia con el papa. Lo primero que hay que decir es que con los Caballeros de Malta yo no iría ni a la esquina, no digamos al Vaticano, no me imagino de qué platicaríamos, a lo mejor yo le pregunto a un señor vestido como paje de la corte del rey Luis ¿y cómo se hizo Caballero de Malta? o ¿y dónde queda Malta? o ¿son de ustedes los perros malteses? En fin el asunto estaría irremediablemente destinado al fracaso.
Adquiera un baño de plata firmado por 25 celebridades de Glastonbury 200 incluyendo a Jo Whiley, Sara Cox y a Fat Boy Slim. A este asunto no le entro porque lo siento rodeado por misterios insondables ¿qué es un baño de plata? ¿Glastonbury 2000? ¿quién carajo es Jo Whiley o Fat Boy Slim? ¿Son cantantes? ¿toreros? No lo sé.
Tome parte en el campeonato mundial de polo sobre elefantes en Nepal. La idea desde luego es notable por donde se le quiera ver. Usar elefantes para jugar polo –me parece- es una de las iniciativas mas estúpidas que se me puedan ocurrir, afortunadamente no se me ocurrió a mí sino a alguien con creatividad. Me imagino también que ir sobre los lomos de un elefante que huelen justamente a eso y dando tumbos no es precisamente la idea que tengo e vivir plenamente la vida por lo que también en este caso me excusaría.
Viva una semana inolvidable con los indios ashaninka. ¿Y si a los indios ashaninka no les da la gana vivir una semana inolvidable con un servidor? La idea me parece tan buena como la que tienen todos aquellos que aterrizan en casa ajena y se apropian del baño y el refrigerador y se vuelven una peste a los tres días. Ignoro las costumbres de la tribu ashaninka, es más ignoro dónde viven pero dudo mucho que entre sus costumbres se encuentre la de recibir a extraños de camarita y bermudas que van a aprender sobre su cultura. A menos que estén completamente mediatizados y si es el caso ¿a qué carajo va uno?
Aparezca en la portada de la revista Complot acompañado de un top model. La pregunta relevante es cómo se va a ver un gordo como yo al lado de una buenona que sería la top model. Mi pronóstico es que muy mal.
Por las razones expuestas este servidor se excusa de participar en la subasta, a lo más me tomare un wisquito a la salud de los enfermos.
miércoles, 12 de agosto de 2009
Los IG Nobel
El estudio de los cerebros de las razas humanas perdería la mayor parte de su interés y utilidad si la variación en el tamaño no significara nada
Paul Broca (1824-1880) Médico y antropólogo francés
De mis años escolares recuerdo con estremecimiento las visitas al laboratorio, enfundados en una bata blanca que nos daba el vago aspecto de médicos legistas sin sanforizar. La idea era elemental y profundamente fallida; en el salón de clases la maestra –una mujer que, sospecho, nunca conoció el amor- nos dictaba los pasos del método científico como se dicta el nuevo testamento y entonces nosotros escribíamos: “objetivo, hipótesis, procedimiento” y dejábamos abierta la casilla de resultados y conclusiones. Si bien yo mantenía ciertos rasgos de imbecilidad temprana, podía detectar las anomalías procedimentales en el esfuerzo didáctico ya que era absurdo que supiéramos el desenlace de algo sobre lo cual teóricamente nos hacíamos preguntas. Mezclábamos sustancias humeantes bajo pedido, descuartizábamos ranas o prendíamos foquitos de serie navideña sin tener la menor idea de lo que hacíamos. De hecho me parece muy razonable suponer que la aridez en el número de cuadros científicos nacionales se debe en gran medida a estos desencuentros tempranos con la ciencia escolar.
En el mundo científico existen varias formas de generar conocimiento que pueden ser diferenciadas de acuerdo a la nobleza de sus orígenes. En primer lugar están los investigadores que tienen intuiciones fundamentadas y las ponen a prueba a través de observaciones, comparaciones o experimentos específicos. Es el caso de los pesos pesados como Newton, Darwin, Einstein y el de la enorme mayoría de los científicos del mundo. Otro es el caso de aquellos que en su afán por destacar en la descarnada competición existente por la primacía de una teoría o un hallazgo comenten fraude y de ellos hablamos ya en el número 364 de Nexos. Una tercera categoría es la de aquellos hombres y mujeres de ciencia que parten de un prejuicio sin fundamento y sobre él construyen todo un cuerpo de investigación que tendrá que ser necesariamente equivocado. Esto se puede entender fácilmente si, por ejemplo, un servidor, que ya ha declarado su imbecilidad temprana, asume que los huesos son duros porque están hechos de titanio y dedica (o dedico) el resto de mi vida a demostrarlo. Es probable que pase a la historia como un hombre equivocado (por expresarlo de la mejor manera posible, ya que hay peores).
Un caso que ilustra a cabalidad esta última categoría es el de Paul Broca, un hombre que realizó hallazgos muy importantes como el área del cerebro que determina las facultades del habla pero que sin embargo, construyó una teoría basada en el pensamiento dominante de la época según el cuál, los hombres occidentales eran más inteligentes que el resto de sus congéneres, es decir, mujeres occidentales o negros y asiáticos, independientemente de su género. La siguiente cita de Paul Topinard –el principal discípulo de Broca- ilustra mucho mejor que mi pobre sintaxis a lo que me refiero:
El hombre que combate por dos o más en la lucha por la supervivencia, que carga con todas las responsabilidades y preocupaciones del día de mañana, que está continuamente en activo, combatiendo contra el medio ambiente y sus rivales humanos, necesita más cerebro que la mujer a la que debe proteger y alimentar, la mujer sedentaria, carente de vida interior alguna, cuyo papel es criar hijos, amar y ser pasiva[1].
Zas.
Broca, pensaba que el tamaño del cerebro y en consecuencia su peso, era un indicador de la inteligencia humana y se dedicó con la paciencia de un monje budista a serruchar cráneos y poner en la balanza la materia gris de hombres notables bajo el siguiente argumento:
En general, el cerebro es más grande en el hombre que en la mujer, más en los hombre eminente que en los hombres de talento mediocre, en las razas superiores que en las razas inferiores. Siendo todo lo demás igual, existe una marcada relación entre el desarrollo de la inteligencia y el del cerebro.
A su muerte en 1880, sus discípulos continuaron su tarea, lo mismo que un grupo de investigación norteamericano y mientras su muestra se ampliaba ocurrió lo que tenía que ocurrir y que cualquier estadístico competente hubiera vaticinado. Los datos mostraban una distribución normal, es decir algunos valores agrupados en ambos extremos y la mayoría concentrados en la zona promedio. De esta manera el cerebro del novelista ruso Iván Turguenev que pesaba dos kilos se encontraba a la extrema derecha de la gráfica, mientras que el del Nobel de literatura francés Anatole France pesó apenas un poco más de un kilo. El anterior resultado evidenció el gazapo cometido por Broca pero, sin embargo, esto no fue obstáculo para que personajes como el inglés Francis Galton propusieran teorías eugenésicas en las que se buscaba “el mejoramiento de la raza humana” y que sirvieron como una base para crímenes atroces.
Existe una última categoría de investigaciones que, dada su heterodoxia, parecerían el resultado de una broma y que sin embargo, son parte importante del metabolismo científico contemporáneo. Veamos…
Los IG nobel, de acuerdo a la inefable wikipedia “son una parodia de los premio Nobel que suele resolverse en las mismas fechas que los premios originales, aproximadamente en el mes de octubre. Están organizados por la revista de humor científica Annals of Improbable Research (AIR). La gala de entrega se realiza en el Sanders Theatre, de la Universidad de Harvard”.
Lo notable de esta celebración científica, establecida en 1991 y de popularidad creciente es que casi todos los galardonados han publicado en revistas científicas arbitradas por pares y en algunos casos de enorme prestigio. Permítame, querido lector, no extender el preámbulo y darle una muestra de algunos de los premiados:
El premio IG nobel de arqueología 2008 correspondió a Astolfo Mello y José Carlos Marcellino, de la universidad de Sao Paulo, Brasil, por su imprescindible estudio: El papel de los armadillos en el movimiento de materiales arqueológicos: un enfoque experimental”. El trabajo se publicó en la revista Geoarqueología vol. 18 no. 4 pp.344-60. El galardón de medicina 2007 fue para los investigadores Brian Witcomb del Reino Unido y Dan Meyers de Estados Unidos quienes publicaron ni más ni menos que en el British Medical Journal su trabajo:” Efectos colaterales de tragar espadas”. Este par además realizó observaciones fascinantes como que el caso de un hombre que se hizo daño en el esófago y al que se le inflamó la membrana protectora de los pulmones "cuando le distrajo un papagayo que tenía en el hombro y que se estaba portando mal".
El IG nobel de física 2006 correspondió a los franceses Basile Audoloy y Sebastian Neukirch de la Universidad de Paris VI por demostrar la razón por la cuál el espagueti seco se rompe siempre en más de dos partes, estudio que fue publicado en Physycal Review Letters. En la misma categoría, pero el año anterior, los australianos John Mainstone y Thomas Parnell condujeron (con paciencia, es necesario admitirlo) un estudio para analizar la viscosidad del alquitrán negro iniciado en 1927, estudiando una bola de alquitrán que gotea en promedio una vez cada nueve años. La referencia se puede hallar en el European Journal of Physics. En el año 2004 el premio de medicina correspondió a Steven Stack de la Universidad de Wayne y a James Gundlach de Auburn por publicar en la revista Social Forces el controvertido trabajo: El efecto de la música country en el suicidio”. Vale la pena decir que al recibir el premio ambos fueron boicoteados en internet por un grupo de melómanos agraviados. Cierro con mi favorito, que si bien no fue publicado en ninguna revista científica me parece una joya: El IG nobel de la paz 2001fue para el empresario lituano Viliumas Malinauskus, por crear un parque de diversiones en su país llamado “El mundo de Stalin”.
La lista es interminable y usted la puede consultar en la siguiente dirección electrónica: http://improbable.com/ig/winners/. Sin embargo, una reflexión se impone ante estos trabajos. Existe un creciente debate acerca de si la investigación científica debe tener una aplicación concreta y utilitaria para la satisfacción de nuestras necesidades y son cada vez más el número de voces que se alzan argumentando que los fondos deben ser destinados exclusivamente para aquellos que produzcan ciencia aplicada. Discrepo por dos razones; en primer lugar la ciencia es un proceso en construcción que cumple una función vital; satisfacer nuestra curiosidad por entender el mundo que nos rodea y esa me parece una razón suficiente para evitar justificaciones incómodas, como las de aquellos que invocan, desesperados por recursos, que sus trabajos son útiles cuando claramente no lo son en el sentido de producir más alimento o descubrir la cura de alguna enfermedad. Por otro lado, muchas de las investigaciones como las galardonadas, han servido de base conceptual para el desarrollo de trabajos con mayor aplicabilidad. De hecho así funciona la ciencia y lo seguirá haciendo, un buen ejemplo es el de los trabajos de Watson y Crick, descubridores de la estructura del ADN en 1953, que simplemente abrieron la puerta para el enorme desarrollo de la ingeniería genética y la biotecnología que han conseguido, por ejemplo descifrar el genoma humano.
Concluyo diciendo que al mundo de la economía no le pasan desapercibidos los IG nobel, recientemente la prestigiada revista The Economist, retomó el trabajo nobel de 2008 de los doctores Miller, Tybur y Jordan publicado en la revista Evolution an Human Behaviour de nombre: “El efecto del ciclo ovulatorio en las propinas de las bailarinas exóticas”…que no es poco titulo ¿no cree?
[1] Las citas provienen del recomendable libro de Stephen Jay Gould: El Pulgar del panda. Ediciones Orbis, 1986.
Paul Broca (1824-1880) Médico y antropólogo francés
De mis años escolares recuerdo con estremecimiento las visitas al laboratorio, enfundados en una bata blanca que nos daba el vago aspecto de médicos legistas sin sanforizar. La idea era elemental y profundamente fallida; en el salón de clases la maestra –una mujer que, sospecho, nunca conoció el amor- nos dictaba los pasos del método científico como se dicta el nuevo testamento y entonces nosotros escribíamos: “objetivo, hipótesis, procedimiento” y dejábamos abierta la casilla de resultados y conclusiones. Si bien yo mantenía ciertos rasgos de imbecilidad temprana, podía detectar las anomalías procedimentales en el esfuerzo didáctico ya que era absurdo que supiéramos el desenlace de algo sobre lo cual teóricamente nos hacíamos preguntas. Mezclábamos sustancias humeantes bajo pedido, descuartizábamos ranas o prendíamos foquitos de serie navideña sin tener la menor idea de lo que hacíamos. De hecho me parece muy razonable suponer que la aridez en el número de cuadros científicos nacionales se debe en gran medida a estos desencuentros tempranos con la ciencia escolar.
En el mundo científico existen varias formas de generar conocimiento que pueden ser diferenciadas de acuerdo a la nobleza de sus orígenes. En primer lugar están los investigadores que tienen intuiciones fundamentadas y las ponen a prueba a través de observaciones, comparaciones o experimentos específicos. Es el caso de los pesos pesados como Newton, Darwin, Einstein y el de la enorme mayoría de los científicos del mundo. Otro es el caso de aquellos que en su afán por destacar en la descarnada competición existente por la primacía de una teoría o un hallazgo comenten fraude y de ellos hablamos ya en el número 364 de Nexos. Una tercera categoría es la de aquellos hombres y mujeres de ciencia que parten de un prejuicio sin fundamento y sobre él construyen todo un cuerpo de investigación que tendrá que ser necesariamente equivocado. Esto se puede entender fácilmente si, por ejemplo, un servidor, que ya ha declarado su imbecilidad temprana, asume que los huesos son duros porque están hechos de titanio y dedica (o dedico) el resto de mi vida a demostrarlo. Es probable que pase a la historia como un hombre equivocado (por expresarlo de la mejor manera posible, ya que hay peores).
Un caso que ilustra a cabalidad esta última categoría es el de Paul Broca, un hombre que realizó hallazgos muy importantes como el área del cerebro que determina las facultades del habla pero que sin embargo, construyó una teoría basada en el pensamiento dominante de la época según el cuál, los hombres occidentales eran más inteligentes que el resto de sus congéneres, es decir, mujeres occidentales o negros y asiáticos, independientemente de su género. La siguiente cita de Paul Topinard –el principal discípulo de Broca- ilustra mucho mejor que mi pobre sintaxis a lo que me refiero:
El hombre que combate por dos o más en la lucha por la supervivencia, que carga con todas las responsabilidades y preocupaciones del día de mañana, que está continuamente en activo, combatiendo contra el medio ambiente y sus rivales humanos, necesita más cerebro que la mujer a la que debe proteger y alimentar, la mujer sedentaria, carente de vida interior alguna, cuyo papel es criar hijos, amar y ser pasiva[1].
Zas.
Broca, pensaba que el tamaño del cerebro y en consecuencia su peso, era un indicador de la inteligencia humana y se dedicó con la paciencia de un monje budista a serruchar cráneos y poner en la balanza la materia gris de hombres notables bajo el siguiente argumento:
En general, el cerebro es más grande en el hombre que en la mujer, más en los hombre eminente que en los hombres de talento mediocre, en las razas superiores que en las razas inferiores. Siendo todo lo demás igual, existe una marcada relación entre el desarrollo de la inteligencia y el del cerebro.
A su muerte en 1880, sus discípulos continuaron su tarea, lo mismo que un grupo de investigación norteamericano y mientras su muestra se ampliaba ocurrió lo que tenía que ocurrir y que cualquier estadístico competente hubiera vaticinado. Los datos mostraban una distribución normal, es decir algunos valores agrupados en ambos extremos y la mayoría concentrados en la zona promedio. De esta manera el cerebro del novelista ruso Iván Turguenev que pesaba dos kilos se encontraba a la extrema derecha de la gráfica, mientras que el del Nobel de literatura francés Anatole France pesó apenas un poco más de un kilo. El anterior resultado evidenció el gazapo cometido por Broca pero, sin embargo, esto no fue obstáculo para que personajes como el inglés Francis Galton propusieran teorías eugenésicas en las que se buscaba “el mejoramiento de la raza humana” y que sirvieron como una base para crímenes atroces.
Existe una última categoría de investigaciones que, dada su heterodoxia, parecerían el resultado de una broma y que sin embargo, son parte importante del metabolismo científico contemporáneo. Veamos…
Los IG nobel, de acuerdo a la inefable wikipedia “son una parodia de los premio Nobel que suele resolverse en las mismas fechas que los premios originales, aproximadamente en el mes de octubre. Están organizados por la revista de humor científica Annals of Improbable Research (AIR). La gala de entrega se realiza en el Sanders Theatre, de la Universidad de Harvard”.
Lo notable de esta celebración científica, establecida en 1991 y de popularidad creciente es que casi todos los galardonados han publicado en revistas científicas arbitradas por pares y en algunos casos de enorme prestigio. Permítame, querido lector, no extender el preámbulo y darle una muestra de algunos de los premiados:
El premio IG nobel de arqueología 2008 correspondió a Astolfo Mello y José Carlos Marcellino, de la universidad de Sao Paulo, Brasil, por su imprescindible estudio: El papel de los armadillos en el movimiento de materiales arqueológicos: un enfoque experimental”. El trabajo se publicó en la revista Geoarqueología vol. 18 no. 4 pp.344-60. El galardón de medicina 2007 fue para los investigadores Brian Witcomb del Reino Unido y Dan Meyers de Estados Unidos quienes publicaron ni más ni menos que en el British Medical Journal su trabajo:” Efectos colaterales de tragar espadas”. Este par además realizó observaciones fascinantes como que el caso de un hombre que se hizo daño en el esófago y al que se le inflamó la membrana protectora de los pulmones "cuando le distrajo un papagayo que tenía en el hombro y que se estaba portando mal".
El IG nobel de física 2006 correspondió a los franceses Basile Audoloy y Sebastian Neukirch de la Universidad de Paris VI por demostrar la razón por la cuál el espagueti seco se rompe siempre en más de dos partes, estudio que fue publicado en Physycal Review Letters. En la misma categoría, pero el año anterior, los australianos John Mainstone y Thomas Parnell condujeron (con paciencia, es necesario admitirlo) un estudio para analizar la viscosidad del alquitrán negro iniciado en 1927, estudiando una bola de alquitrán que gotea en promedio una vez cada nueve años. La referencia se puede hallar en el European Journal of Physics. En el año 2004 el premio de medicina correspondió a Steven Stack de la Universidad de Wayne y a James Gundlach de Auburn por publicar en la revista Social Forces el controvertido trabajo: El efecto de la música country en el suicidio”. Vale la pena decir que al recibir el premio ambos fueron boicoteados en internet por un grupo de melómanos agraviados. Cierro con mi favorito, que si bien no fue publicado en ninguna revista científica me parece una joya: El IG nobel de la paz 2001fue para el empresario lituano Viliumas Malinauskus, por crear un parque de diversiones en su país llamado “El mundo de Stalin”.
La lista es interminable y usted la puede consultar en la siguiente dirección electrónica: http://improbable.com/ig/winners/. Sin embargo, una reflexión se impone ante estos trabajos. Existe un creciente debate acerca de si la investigación científica debe tener una aplicación concreta y utilitaria para la satisfacción de nuestras necesidades y son cada vez más el número de voces que se alzan argumentando que los fondos deben ser destinados exclusivamente para aquellos que produzcan ciencia aplicada. Discrepo por dos razones; en primer lugar la ciencia es un proceso en construcción que cumple una función vital; satisfacer nuestra curiosidad por entender el mundo que nos rodea y esa me parece una razón suficiente para evitar justificaciones incómodas, como las de aquellos que invocan, desesperados por recursos, que sus trabajos son útiles cuando claramente no lo son en el sentido de producir más alimento o descubrir la cura de alguna enfermedad. Por otro lado, muchas de las investigaciones como las galardonadas, han servido de base conceptual para el desarrollo de trabajos con mayor aplicabilidad. De hecho así funciona la ciencia y lo seguirá haciendo, un buen ejemplo es el de los trabajos de Watson y Crick, descubridores de la estructura del ADN en 1953, que simplemente abrieron la puerta para el enorme desarrollo de la ingeniería genética y la biotecnología que han conseguido, por ejemplo descifrar el genoma humano.
Concluyo diciendo que al mundo de la economía no le pasan desapercibidos los IG nobel, recientemente la prestigiada revista The Economist, retomó el trabajo nobel de 2008 de los doctores Miller, Tybur y Jordan publicado en la revista Evolution an Human Behaviour de nombre: “El efecto del ciclo ovulatorio en las propinas de las bailarinas exóticas”…que no es poco titulo ¿no cree?
[1] Las citas provienen del recomendable libro de Stephen Jay Gould: El Pulgar del panda. Ediciones Orbis, 1986.
Los hombres-hombres (El Financiero 1996)
El otro día hojeaba en la peluquería una revista de moda para hombres (no de la que salen señoras encueradas, sino de las que dan recetas y consejos a los varones modernos) y tuve de pronto el escalofrío de que no pertenezco en realidad a tan noble género y soy un chotacabras. Desde el punto de vista de los editores de esta madre, para ser un hombre moderno hay que cumplir una serie de requisitos que ni mandados a hacer para producir depresión temprana. En primer lugar está el aspecto; los hombres-hombres, son aquellos que tienen más musculatura que el hombre araña, mirada de quiero contigo y pelo hasta en las orejas. Lo segundo que llama mi atención es la indumentaria que se basa en cosas que no me pondría ni en estado de ebriedad, como zapatos bicolores o gabanes de asesino serial. Luego están los anuncios que son sorprendentes. En alguno se presentan relojes que se pueden sumergir hasta 200 metros, que dan la temperatura de Bangok y resisten el impacto de un elefante. ¿Para que carajos? –pregunta mi enorme ingenuidad- necesita un hombre moderno que vive en esta noble ciudad tal artefacto. Supongo que la única forma de saber si el reloj funciona es que a uno lo asesine la mafia y lo mande al fondo del océano, la temperatura en Bangok me interesa tanto como la receta del pescado empapelado y los impactos no son previsibles en una vida tan pacífica como la mía. En uno de los anuncios, de hecho se presenta a un señor, que se ve que está morado de frío, enseñando el reloj que lo acompañó a la Antártida. Como yo no pienso ir ni amarrado paso la página.
Luego están los anuncios de autos que también tienen lo suyo. Con gran despliegue se anuncia que el carro fulanito llega de 0 a 100 kilómetros por hora en 12 segundos. En ese momento pienso en el Anillo Periférico a las tres de la tarde y me quedo pensando si en realidad hay alguien tan idiota como para ser seducido por esta maravilla. Luego está la velocidad máxima que siempre anda por los 200 km./hora. Asumo que este prodigio se alcanza dos segundos antes de matarse en un carreterazo por lo que ignoro cuál es el atractivo del asunto.
Acto seguido entré a la sección de “consejos para él” que es una maravilla. Desde la óptica del autor para tener éxito con las mujeres uno debe demostrar firmeza y seguridad es un trato hacia las féminas ¿qué implica esto? La respuesta me genera cierta ternura: “ordenar por ella en un restaurante”. Este es el momento de imaginar a un servidor sentado detrás de una vela diciéndole al mesero que la señora que está enfrente quiere la sopa de cabellitos de elote y la hamburguesa huérfana para luego esperar el primer madrazo. Otro tip notable se nos ofrece a los hombres-hombres a la hora de pedir el vino: “no repare en el precio, es de mal gusto” Pues será de mal gusto pero si uno no lo hace corre el riesgo de dejar a la que está atrás de la vela, empeñada. La siguiente escena es de un candor insuperable: “cierre los ojos y deje que el aroma del vino ascienda, agítelo en forma circular y dé un pequeño sorbo”. Lo anterior no solo me parece ridículo sino innecesario; no conozco a nadie que devuelva un vino aunque sepa a máscara del cartón y creo que más de las tres cuartas partes de chilangos no tenemos los argumentos enológicos para opinar una chingada.
La última zona es la de la ropa interior; ahí pude ver unos modelitos que deben causar varicoceles inguinales de lo apretados que estaban, así como “el mundo de los boxers” donde salen unos tipos semidesnudos con calzones de manga larga que cuestan más que mi orgullo.
Cerré la revista convencido de que estoy perdido entre los mares tenebrosos de la confusión de género; que no me da la gana comprar una pluma de ocho mil pesos y que soy una especie en peligro de extinción ante los avatares de la modernidad. Ni modo
Luego están los anuncios de autos que también tienen lo suyo. Con gran despliegue se anuncia que el carro fulanito llega de 0 a 100 kilómetros por hora en 12 segundos. En ese momento pienso en el Anillo Periférico a las tres de la tarde y me quedo pensando si en realidad hay alguien tan idiota como para ser seducido por esta maravilla. Luego está la velocidad máxima que siempre anda por los 200 km./hora. Asumo que este prodigio se alcanza dos segundos antes de matarse en un carreterazo por lo que ignoro cuál es el atractivo del asunto.
Acto seguido entré a la sección de “consejos para él” que es una maravilla. Desde la óptica del autor para tener éxito con las mujeres uno debe demostrar firmeza y seguridad es un trato hacia las féminas ¿qué implica esto? La respuesta me genera cierta ternura: “ordenar por ella en un restaurante”. Este es el momento de imaginar a un servidor sentado detrás de una vela diciéndole al mesero que la señora que está enfrente quiere la sopa de cabellitos de elote y la hamburguesa huérfana para luego esperar el primer madrazo. Otro tip notable se nos ofrece a los hombres-hombres a la hora de pedir el vino: “no repare en el precio, es de mal gusto” Pues será de mal gusto pero si uno no lo hace corre el riesgo de dejar a la que está atrás de la vela, empeñada. La siguiente escena es de un candor insuperable: “cierre los ojos y deje que el aroma del vino ascienda, agítelo en forma circular y dé un pequeño sorbo”. Lo anterior no solo me parece ridículo sino innecesario; no conozco a nadie que devuelva un vino aunque sepa a máscara del cartón y creo que más de las tres cuartas partes de chilangos no tenemos los argumentos enológicos para opinar una chingada.
La última zona es la de la ropa interior; ahí pude ver unos modelitos que deben causar varicoceles inguinales de lo apretados que estaban, así como “el mundo de los boxers” donde salen unos tipos semidesnudos con calzones de manga larga que cuestan más que mi orgullo.
Cerré la revista convencido de que estoy perdido entre los mares tenebrosos de la confusión de género; que no me da la gana comprar una pluma de ocho mil pesos y que soy una especie en peligro de extinción ante los avatares de la modernidad. Ni modo
martes, 11 de agosto de 2009
El horóscopo (El Financiero 1996)
“Piscis feb, 19-mar. 20. Es el signo más sociable del Zodíaco, por lo que posees la maravillosa habilidad de inspirar confianza y a (sic) realizar proezas, sólo con tu actitud. Tu amistad es siempre preferida por todas las personas que conoces”. Eso dice la caja de cerillos amarilla que se encuentra frente a mi teclado y que, evidentemente, tiene una función metafísica que rebasa con creces el acto ocioso de prender un fósforo para encender la estufa, fumar un cigarro o poner a prueba los pulmones de un niño que lo deberá apagar entre aplausos de los adultos babosos que lo rodean.
Analizado con cuidado el mensaje contiene revelaciones interesantes; la primera es que los piscianos son algo así como el alma de las fiestas y con todos hacen buenas migas, la segunda es que son ideales para el sablazo ya que todo mundo confía en ellos, la tercera es que pueden realizar proezas, por lo que uno debe imaginarlos echándose un clavado desde La Quebrada o madreando a catorce judiciales y la quinta es que el redactor de la cerillera es un imbécil.
Cada que veo un horóscopo me pregunto: ¿Habrá gente tan bruta que crea en todo esto? La respuesta la hallo no sólo en la enorme estadística de imbecilidad que nos rodea, sino en una reunión a la que asisto y en la que encuentro a una señora vestida de negro con unos aretes como los del capitán Garfio que me mira a los ojos, pregunta mi signo y cuando le respondo suspira y dice: “con razón”. Yo en lugar de preguntarle que con razón qué chingaos, sonrío cortésmente y me tomo otro trago mientras pienso “pobre gente” que es exactamente lo que ella está pensando.
Sin embargo los hay peores, esos le han dado un toque científico al asunto y entonces se dedican a buscar signos inequívocos en datos como la hora y el lugar de nacimiento. Entonces se ponen una bata y emplean su tiempo en estudiar la posición de los astros y después de un sesudo análisis y cien pesos nos informan que tenemos un ascendente en Virgo, que nuestra piedra es la amatista, que el número que debemos seguir es el 8 y que nuestro elemento es el agua (que por cierto no es elemento). El asunto también se marca por medio de revelaciones tales como que hubo una tragedia en la familia y que pronto emprenderemos un viaje. El que recibe las revelaciones sale encantado a contárselo a todo mundo, luego trata de buscar una amatista en la enciclopedia, acto que constituirá su primer (y último) encuentro con dicho mineral. juega a la lotería en 8 y establece como prerequisito para entablar comercio carnal que su pareja sea Virgo. Por supuesto, el día que su madre, una viejita de ochenta años, se deshace la cadera al caerse de la banqueta, él es el único que sabe que el asunto ya estaba escrito y cuando sale a Teoloyucan lo hace convencido de que el viaje lo tramó Júpiter.
Mención aparte merecen los que dan los horóscopos utilizando los medios electrónicos. Por alguna razón que desconozco pero que, intuyo, tiene que ver con un Edipo mal resuelto, estos señores parecen señoras, utilizan unas túnicas que ya quisiera la tigresa para sus peores días, se peinan con pistola, utilizan anillotes de Cleopatra y tienen en su casa un gato disecado. Cuando los entrevistan en programas como el de Cristina, invariablemente se enfrenta a un público de señoras gordas que le cuentan como untándose huevo en las ingles han logrado mejorar su suerte.
Dios mío.
El hecho de que estos señores se enriquezcan alimentándose de nuestra ignorancia no es, después de todo, algo que debería sorprendernos. Baste ver las nóminas del PRI para entender que los ranchos, empresas y haciendas de nuestros cachorros de la Revolución tienen un origen que se basa en el mismo principio: engañar a los engañables. Sin embargo, no todo está perdido, el otro día leí un anuncio en el que se ofrecen cursos para ganarse el melate, voy a inscribirme y luego les cuento.
Analizado con cuidado el mensaje contiene revelaciones interesantes; la primera es que los piscianos son algo así como el alma de las fiestas y con todos hacen buenas migas, la segunda es que son ideales para el sablazo ya que todo mundo confía en ellos, la tercera es que pueden realizar proezas, por lo que uno debe imaginarlos echándose un clavado desde La Quebrada o madreando a catorce judiciales y la quinta es que el redactor de la cerillera es un imbécil.
Cada que veo un horóscopo me pregunto: ¿Habrá gente tan bruta que crea en todo esto? La respuesta la hallo no sólo en la enorme estadística de imbecilidad que nos rodea, sino en una reunión a la que asisto y en la que encuentro a una señora vestida de negro con unos aretes como los del capitán Garfio que me mira a los ojos, pregunta mi signo y cuando le respondo suspira y dice: “con razón”. Yo en lugar de preguntarle que con razón qué chingaos, sonrío cortésmente y me tomo otro trago mientras pienso “pobre gente” que es exactamente lo que ella está pensando.
Sin embargo los hay peores, esos le han dado un toque científico al asunto y entonces se dedican a buscar signos inequívocos en datos como la hora y el lugar de nacimiento. Entonces se ponen una bata y emplean su tiempo en estudiar la posición de los astros y después de un sesudo análisis y cien pesos nos informan que tenemos un ascendente en Virgo, que nuestra piedra es la amatista, que el número que debemos seguir es el 8 y que nuestro elemento es el agua (que por cierto no es elemento). El asunto también se marca por medio de revelaciones tales como que hubo una tragedia en la familia y que pronto emprenderemos un viaje. El que recibe las revelaciones sale encantado a contárselo a todo mundo, luego trata de buscar una amatista en la enciclopedia, acto que constituirá su primer (y último) encuentro con dicho mineral. juega a la lotería en 8 y establece como prerequisito para entablar comercio carnal que su pareja sea Virgo. Por supuesto, el día que su madre, una viejita de ochenta años, se deshace la cadera al caerse de la banqueta, él es el único que sabe que el asunto ya estaba escrito y cuando sale a Teoloyucan lo hace convencido de que el viaje lo tramó Júpiter.
Mención aparte merecen los que dan los horóscopos utilizando los medios electrónicos. Por alguna razón que desconozco pero que, intuyo, tiene que ver con un Edipo mal resuelto, estos señores parecen señoras, utilizan unas túnicas que ya quisiera la tigresa para sus peores días, se peinan con pistola, utilizan anillotes de Cleopatra y tienen en su casa un gato disecado. Cuando los entrevistan en programas como el de Cristina, invariablemente se enfrenta a un público de señoras gordas que le cuentan como untándose huevo en las ingles han logrado mejorar su suerte.
Dios mío.
El hecho de que estos señores se enriquezcan alimentándose de nuestra ignorancia no es, después de todo, algo que debería sorprendernos. Baste ver las nóminas del PRI para entender que los ranchos, empresas y haciendas de nuestros cachorros de la Revolución tienen un origen que se basa en el mismo principio: engañar a los engañables. Sin embargo, no todo está perdido, el otro día leí un anuncio en el que se ofrecen cursos para ganarse el melate, voy a inscribirme y luego les cuento.
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