miércoles, 26 de agosto de 2009

Los peces en el río (La Mosca 2007)

Pocas costumbres en la vida son más anómalas que las navideñas ya que se encuentran profundamente llenas de inconsistencias varias que procederé a enumerar para que luego no digan que no documento mis colaboraciones a esta noble revista:
1.- ¿Quién carajo es Santa Clos? A mí me parece un gordo vestido como mamarracho que vive donde nadie en su sano juicio lo haría…el Polo Norte. Trabaja con duendes enanos que se la pasan cantando, en lugar de hacerlo con mano de obra calificada y luego se sube en un trineo que es acarreado por renos voladores (la historia sería más lógica si fueran zopilotes o albatros). Santa Clos se ríe porque pasó la mosca y tiene la misma figura que Capulina, nomás que con gorrito, es por ello un misterio cómo cabe en una chimenea y también su capacidad para procesar el servicio postal de los infantes del mundo…Nada checa.
2.- ¿A quién se le ocurrió la idea de celebrar las posadas? Lo ignoro, pero el acto es incomprensible; se reúne una turba de gente en un patio, acto seguido sacan unos papelitos en los que de un lado está la posada y del otro la letanía y fingen ser María y José acarreando un burro pero con velitas que calcinan la mano. Los de adentro de la casa los tratan como los españoles a los incas para finalmente abrirles y dejarme sumido en otro misterio ¿no nació el niñito Jesús en un establo? Aparecen de pronto tres señores que además de ser reyes son magos. En esta caso los misterios avanzan ya hacia un terreno insondable; ¿de dónde vienen? ¿por qué uno es negro como la noche? ¿Qué carajo es la mirra y por qué se considera un buen regalo de cumpleaños? Si son magos ¿no hubiera sido más sencillo convertir el establo en un hotel de por lo menos tres estrellas? Los cuestionamientos, por lo menos para mí, se quedan sin respuesta. En las posadas se acostumbra, además de embriagarse vergonzosamente, martirizar a una piñata hasta que reviente. Dentro de la piñata se encuentran productos varios que causan una profunda alegría…señaladamente en el gremio de los odontólogos ya que se ha demostrado que masticar una caña o medio kilo de colación produce el desvanecimiento del puente dental en tres horas.
3.- Las canciones navideñas me son absolutamente ilegibles; analicemos la siguiente estrofa “pero mira como beben los peces en el río, pero mira como beben por ver a Dios nacido”. El primero punto es que no conozco a un pescado que sea tan estúpido para beber agua (lo mismo que nadie se come el aire). Por otro lado, no logro establecer la relación causal entre el nacimiento del niñito Jesús y la tomadera ictiológica. Parecería que no tiene nada que ver una cosa con la otra pero ahí están los pobres infantes con las caras en un rictus de semicongelamiento bebiendo y volviendo a beber en el festival escolar correspondiente. “Campana sobre campana…y sobre campana una” ¿Una qué? Se pregunta dentro de mí esos que se llama la duda metódica y sigo sin comprender nada.
4.- El árbol de navidad me resulta también muy misterioso. En tiempos de cambio global es costumbre que toda la familia salga en procesión a lugares por los que no pasó Dios (como Amecameca) y todos sean testigos de la forma en que el papá hace el ridículo pegándole a un abeto hasta que se fractura un metatarso y entonces tiene que intervenir el ejidatario correspondiente para ponerle una venda y luego cortar el árbol de tres hachazos. Dicho árbol ya muerto es llevado en el techo del coche rumbo a una casa en donde se procede a su decoración que si más abigarrada mejor. El aspecto último del individuo forestal es muy similar al de Elba Esther Gordillo vestida de tirolesa. Por supuesto el 1 de enero la gente ya no sabe qué hacer con el pinche árbol por lo que de puntitas y en madrugada lo sacan a la calle para que el camión de la basura se acomida a llevárselo.
Por todas las razones anteriores les anticipo que esta navidad no cuenten conmigo.

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