miércoles, 30 de diciembre de 2009

Bigotonas (El Financiero 2006)

El otro día leí muy azorado en un periódico el siguiente titular: “Desprecia Tiziano a las mujeres mexicanas”. Me quedé estupefacto ya que al único señor que responde a ese nombre y que yo conozco es un pintor cuyas obras maestras deben ser muy buenas pero inescrutables para mí y que a estas alturas del partido solo pudo haber emitido tal comentario por medio de la tabla ouija ya que tiene trescientos años en calidad de fiambre.
Todo se aclaró cuando continué mi lectura y me enteré que el susodicho es un cantante italiano que además se apellida Ferro (un nombre digno de demanda penal) y que en una entrevista de televisión dijo lo siguiente (apostillado en cursivas por su humilde servidor): “No puedo decir que se come bien en Bélgica (si el referente son las coles de Bruselas, estoy de acuerdo), no puedo decir que adoro el clima de Bruselas (se necesita ser idiota para adorar a un clima en específico). Del mismo modo que es imposible decir que en México están las mujeres más bellas del mundo, con todos mis respetos (ya se sabe que cuando alguien dice “con todos mis respetos el asunto se fue al carajo). Tienen bigotes. Se necesita valor para… ¡Lo siento!... Pero ellas lo saben, ¡Tal vez Salma Hayek!, aseguró Ferro ante el estupor del público (Imaginar público con estupor) y la indignación del presentador del programa Fabio Fazio (otro nombre escalofriante), quien pidió perdón por las declaraciones de su invitado (no entiendo la razón por la cual un presentador de televisión se tiene que andar disculpando porque sus invitados metan la pata).
Muy bien, vayamos por partes; lo primero que hay que decir es que el joven Tiziano tiene la misma lucidez que un triciclo, porque me parece muy evidente que andar diciendo esas cosas, puede provocar la lesión irreversible en la susceptibilidad de los mexicanos que, como se sabe, solo es superada por nuestra afición a las tortillas con guacamole. Cualquier asesor razonable tendría que haberle dicho: “Tiziano, no seas pendejo, ¿Qué no ves que se nos pueden molestar?, recuerda que tu club de fans ha sido muy leal contigo”. Sin embargo el cantante cavó su tumba generando un escenario nada prometedor que supone un linchamiento colectivo el día que se le ocurra pisar el aeropuerto internacional Benito Juárez y que es tan predecible como un meteorito.
Sin embargo, la parte interesante del asunto tiene que ver con la indignación colectiva ante el comentario de marras. Hoy escuché a un señor que decía cosas tan idiotas como que estaban insultando a su madre y a su hija (la esposa debe tener bigote). Una conductora de televisión que está buenona, se puso bigotes postizos y en general lo que la gente imbécil llama “la familia artística” unió filas en torno a la defensa de la belleza nacional.
El asunto, por supuesto, tiene huecos; mi maestra de catecismo tenía más bigote que yo y el otro día en un restaurante tuve el raro privilegio de observar a la mujer más fea del mundo. Una señora que se había peinado simulando un nido de golondrinas, tenía triple papada y se había decorado la cara siguiendo la escuela impresionista. Me resulta evidente que cuando alguien dice “la mujer mexicana” está hablando de una variedad infinita en la que caben verdaderos monumentos y viejas chotas. Eso es normal y a nadie debería sorprender. El problema es que resulta absurda una generalización tanto del joven cantante: “las mexicanas están pal gato”, como de nuestros connacionales” las mexicanas son muy hermosas”. Cualquiera que se suba al metro un día domingo sabe de lo que estoy hablando.
Lo que yo propongo para salir del atolladero es simple, vayamos caso, por caso y contemos. Podemos utilizar las próximas elecciones y agregar a los funcionarios de casilla a un señor o señora (recordemos el enfoque de género) que evalúe las propiedades capilares de las damas que asistan a votar; si están bigotonas pondrá una palomita y en caso contrario un tache. De esta manera elemental sabremos si el joven Tiziano nos debe una disculpa o si en cambio, somos nosotros los que debemos desagraviarlo porque tenía razón.

lunes, 28 de diciembre de 2009

El nintendazo (El Financiero 2005)

En mis tiempos, los niños teníamos diversas formas de divertimento que resultaban simplemente elementales; salíamos a la calle y pintábamos con gis porterías para jugar futbol. Los riesgos de atropellamiento eran pocos, aunque había un niño Beto que era muy bruto y que se desgració el fémur por su falta de pericia para esquivar un opel olímpico. El mayor peligro, en realidad, lo representaba un perro llamado Tufi que era un verdadero asesino y se ubicaba a la altura de la media cancha lo que generó una estrategia deportiva de jugar a balonazos que luego fue copiada por el equipo inglés. También había yo-yos, y trompos, canicas y un juego de burro notable por los versitos que había que recitar mientras uno sacaba encíma de sus congéneres (“cuatro, jamón te saco”). En las tardes hacíamos hoyos en la tierra y tirábamos una pelota llena de lodo para luego sacarla de alguno de los agujeros y tirársela al idiota que no corriera. Como se verá nuestras diversiones tienen el sabor de lo que se ha ido y pueden ser catalogadas como ligeramente imbéciles, pero, que diablos, eran nuestras diversiones.
Dos cambios revolucionaron estas escenas urbanas de niños medio pazguatos; el primero fue la transformación de la ciudad y de su gente. Actualmente jugar en la calle es tan seguro como irse de turista a Irak, los conductores son animales en jauría y abundan los secuestros por lo que la imagen de infantes divirtiéndose en las vialiades es simplemente premoderna. La segunda revolución fue tecnológica y mucho más dramática; cuando yo era niño, mi juguete más sofisticado era un globo que se elevaba por medio de una como secadora de pelo, la única gracia era poner el globo arriba del aire para verlo subir, lo cual, por supuesto era idiota ya que hubiese bastado soplar. Mi hermana Diana era, por otro lado, la feliz poseedora de una madre llamada “horno mágico” en la que se cocinaban pasteles utilizando la sorprendente energía de un foco de 40 watts. Siempre he sospechado que nuestro gato falleció porque nadie se tomó la molestia de advertirle que los productos fabricados por Diana eran carcinógenos.
Luego llegó la tecnología y todo se fue al carajo. Entiendo que en Nueva York se abrió la primera tienda que rinde tributo a Mario, un personaje de nintendo. Aparentemente fue un evento masivo donde generaciones de oligofrénicos se dieron una misteriosa cita. El misterio radica en un análisis elemental del homenajeado, es decir, de Mario. Por principio habría que explicar que el personaje es enano y se viste como Pepe el Toro, esto es, con overoles azules y sin ningún sentido de la moda, además utiliza guantes blancos, lo que es una incompatibilidad en sí misma. Porta una cachucha de motociclista de tránsito, nomás que de los cincuenta y un bigote que debe ser muestrario de fideo. Este señor con esa apariencia se echa a correr en la pantalla como alma que lleva el diablo mientras sortea los obstáculos más diversos creados por alguien que debe ser multimillonario.
A mí lo anterior me parece idiota pero, ante las ventas del nintendazo, me parece clara la enorme soledad de mi argumento. He visto infantes (entre ellos mi hijo, el niño Frijol) entrar en catatonia en el preciso momento que toman el control del aparato. Su hipnosis es total y pierden de inmediato contacto pleno con el mundo exterior. De hecho si uno logra distraerlos un minuto se obtiene una mirada asesina ya que por nuestra culpan se les desmadró el enano.
Si usted, querido lector, pone atención se dará cuenta de que en cualquier reunión de adultos embriagándose, los niños llegan equipados no con pelotas y balones, sino con discos de todos calibres para pasas la siguiente centuria atizándole al jueguito. El problema es que ya nada es suficiente; recientemente salió al mercado una versión independiente que no requiere conexión eléctrica y es además portátil. De esta manera, con gran lucidez, se ha logrado el aislamiento total de la criatura.
Cualquier esfuerzo por contener esta avalancha es simplemente estéril; es obvio que un libro –que no tiene foquitos y tampoco habla- no posee la capacidad de seducción necesaria y es una competencia muy rezagada. Ello explica la mirada de conmiseración de un niño cuando se le sugiere que lo mejor sería leer un poco. Ni hablar

sábado, 26 de diciembre de 2009

El libro de los sueños María Guillén (el orgullo de mi nepotismo)

Ya daban las once con quince cuando Eliza cayó dormida con un libro a su lado, la gran casa localizada en Manchester permanecía en silencio.
Ella iba a una escuela religiosa que admitía niñas solamente, siempre fue una excelente estudiante pero tenía algunos problemas con las monjas y otras alumnas, no tenía amigas en la escuela pero sí un mejor amigo llamado Héctor que vivía en su misma calle, él la cuidaba y la divertía mucho pero no la comprendía ni a ella ni a sus gustos. Ella siempre fue una ávida lectora; a donde quiera que fuera llevaba un libro en la mano.
Esa tranquila noche su padre llegaría muy tarde ya que estaba inundado de trabajo por lo que los únicos que estaban en la casa eran Eliza y su hurón llamado “Grapa”. Más tarde –cuando Eliza dormía profundamente- algo extraño pasó; el libro que estaba en su regazo y que constituía su más preciada posesión se abrió y de él salieron ramas y flores que brotaban poco a poco hasta cubrir todo el cuarto aunque dejando intacta su cama y la de Grapa. A las dos de la mañana Eliza oyó un ruido y se despertó, cuando abrió los ojos, su cuarto estaba convertido en el más bello jardín que una niña pudiera soñar, ella se sobresaltó y dio un grito, que no se podía saber si era de temor o de emoción. Trató de abrir la puerta de su cuarto pero ya no había puerta detrás de esa enredadera. Eliza se asustó y corrió por todo su cuarto, lo que observó es que mientras ella se movía las ramas, flores y árboles se expandían y creaban una enorme meseta. Siguió corriendo hasta que se dio cuenta de que mientras más avanzara, el terreno crecería y nunca podría volver. Se sentó cerca de un gran olmo y a lo lejos vio un caballo que era montado por una bella mujer rubia y delgada como Eliza. Mientras más se acercaban Eliza dio un salto de emoción; se trataba de su difunta madre a la cual reconoció inmediatamente. Impulsivamente, la abrazó y se sentó a llorar pero su madre la desconoció, regresó al caballo y siguió montando. Eliza pensó: “quizá no se acuerde de mí porque murió cuando yo tenía un año y ahora tengo 14”, le grito fuertemente pero no obtuvo respuesta. La señora siguió su camino sin siquiera verla ni oírla. Ella se rindió y pensó en formas de regresar a su cuarto, se decidió por caminar sin rumbo, en el camino cayó profundamente dormida en un espacio con pasto y lleno de flores, pasaron las horas y ella despertó en su cuarto que se encontraba sin ningún rastro de vegetación. Su despertador sonó y Eliza estaba confundida y asustada, en vez de vestirse con el uniforme e irse a desayunar, decidió correr al otro lado de la cuadra y contarle a Héctor lo que había ocurrido.
Se fue envuelta en una bata a su casa y llegó, Héctor estaba desayunando en silencio ya que sus padres trabajaban desde muy temprano. Eliza histéricamente gritó: “¡Héctor, ayer mi cuarto se convirtió en un bosque y vi a mi madre!”. Héctor la miraba divertido y le respondió: “Eliza ¿segura que no había alcohol u hongos en tu cena?”Ella se rió pero luego le explicó todo lo que había pasado y dijo estar segura de haber reconocido a su madre en lo que Héctor llamaba “un sueño bizarro” y ella “una aventura sin explicación alguna”. Ese día Eliza y Héctor decidieron faltar a la escuela -Sin el permiso de sus respectivos padres- para investigar más sobre el libro y el suceso que ocurrió en el cuarto de Eliza. Cuando llegaron abrieron el libro y vieron una extraña coincidencia; la primera historia era sobre una doncella que cabalgó por todas las mesetas y bosques del mundo, solo que en la historia no había ninguna descripción de la mujer. Después de un rato lo único que lograron averiguar fue que el libro había sido publicado originalmente en Irlanda y escrito por Andrew Bantry en 1928. Grapa salió por primera vez desde la noche anterior, estaba dormido en el cajón de calcetas de Eliza. Cuando lo vieron estaba pisando un pedazo de hoja desconocida. Tenía un color violeta y después de investigar en la enciclopedia de herbó logia del papá de Eliza, observaron una imagen con la misma planta y descubrieron que solo crecía en Asia. Voltearon el cuarto de cabeza y encontraron hojas de árboles de todo el mundo por lo que Héctor comenzó a creerle a Eliza.
Como era viernes, Héctor pidió permiso para acampar a casa de Eliza y sí que venía preparado; traía lámparas, libros, comida y agua. En la noche abrieron el libro y leyeron un cuento sobre sirenas, y aunque acordaron no quedarse dormidos dieron las doce y parecía que habían entrado en un severo estado de coma. De pronto el cuarto se tornó azul, la pared goteaba y empezó a salir agua del suelo. Héctor se sobresaltó al ver que el cuarto se inundaba, trató de abrir la puerta y cuando lo logró, una enorme ola los revolcó a los dos, un segundo después el cuarto de Eliza desapareció. Eliza comprendió que estaba pasando lo mismo que la noche anterior; mientras más nadaban, más grande se hacía el mar. Los niños estaban asustados pero al mismo tiempo no podían evitar asombrarse al ver un mar tan bello, coralino y claro.
De pronto Eliza vio una criatura nadando debajo de ellos ¿era acaso una sirena? Y no solo una hermosa sirena sino nuevamente la madre de Eliza. Héctor le grito y le dijo que no se acercara “¡solo es una ilusión!”, pero Eliza sin oírlo fue hacia ella nadando lo más rápido posible y la abrazó. Esta vez la sirena le devolvió el abrazo y se fue aleteando sin dejar rastro. La niña estaba confundida pero regresó con su amigo. Después de de lo sucedido intentaron retornar sin éxito. Pasó una hora y estaban agotados, por más que nadaran hacia las rocas parecían alejarse en lugar de acercarse. Héctor estaba muy cansado y cuando Eliza volteó se estaba ahogando “le dio un calambre” pensó. Lo trató de cargar pero se estaban hundiendo, se les acabó la respiración y se desmayaron hasta que súbitamente despertaron en el cuarto. Al día siguiente encontraron arena y algas.
Se preguntaban por que ocurrían estos sucesos después de leer un cuento de “El Libro de los Sueños” nombre que le puso Eliza.
Ese día Héctor tenía que ir con su familia a Sunborn una bella playa del sur y como su papá trabajaba todo el día se quedó sola. Después de desayunar dudó en leer otro de los cuentos del libro pero se decidió por hacerlo. Ese día paseó a Grapa por la cuadra y regresó. Fue al cuarto de su padre a buscar algún tipo de información sobre su madre ya que él nunca le decía nada al respecto. Encontró fotos de ella y una maleta en la que estaban todos sus títulos profesionales, ella había estudiado Ciencias Políticas y se graduó con honores pero no pudo encontrar ninguna pista sobre donde trabajaba. Eliza cenó y esperó para quedarse dormida, esta vez estaba preparada para la transformación de su cuarto. Como usualmente pasaba, todo el cuarto cambió y esta vez se volvió arena, puso su despertador a las dos de la mañana y no fue necesario el despertador, el súbito movimiento de encontrarse en la punta de una duna gigante hizo el trabajo.
Esta vez el clima también cambió, el calor incrementó de una manera notable.
Eliza se dio cuenta que era un desierto como en el libro pero a diferencia de este no había bazares ni un palacio, caminó por un largo rato sin ver nada. Se dio cuenta que estaba en el desierto del Sahara y esperaba encontrar a una mujer que era una princesa de la tribu Bororo como decía en el libro y que tomaría la forma de su madre como de costumbre, pero después de caminar y caminar viendo que el desierto parecía hacerse más extenso llegó a una palmera que daba un poco de sombra. Esperó media hora cuando vio una figura humana acercarse hacia ella, como lo había predicho era su madre cubierta en un turbante y un vestido. Se acercó y tomó asiento junto a ella en la arena. Esta vez la mujer tomó su mano y comenzó a hablarle sobre lo que le había pasado y la explicación de su muerte. Esta vez Eliza sintió que todo era real y expresó todos sus pensamientos y sentimientos a su madre sobre como se sentía abandonada por su padre y muy sola. De las dos brotaron lágrimas y continuaron con una charla muy larga. Aunque parecía que habían hablado un día entero la luz seguía con la misma intensidad. Siguieron juntas hasta que cayó la noche y se despidieron. De nuevo Eliza despertó en su casa confundida, parecía que cada sueño que tuviera se acercaría más a su madre, no sabía que hacer, quería saber más sobre ella pero ella era un espejismo o una ilusión, un espíritu que nunca estaría con su hija en el mundo real. Después de reflexionar seriamente tomó la decisión de leer un último cuento y despedirse de su madre para siempre.
El siguiente cuento era sobre un príncipe que escalaba la más alta montaña para demostrarle su amor a una princesa caprichosa que le ponía retos para concederle su mano. Al llegar a lo que se suponía era la cima de la montaña el príncipe dio un movimiento en falso y cayó por la montaña, la leyenda dice que antes de caer, el príncipe se volvió parte de la montaña .La princesa nunca más lo volvió a ver, y se dio cuenta que perdió a su ser más querido por un berrinche.
Eliza leyó el cuento, no le gustó tanto como los otros, le pareció cursi, ilógico, y menos fantástico que los otros.
Cenó una sopa de tapioca preparada por su nana y se fue a dormir.
Su cuarto empezó a temblar, Eliza desconcertada se escondió debajo de las sabanas no huyó, solo esperó. El ruido cesó, Eliza se destapó y para su sorpresa se encontraba en la cima de una montaña que al ver para abajo no parecía tener fin.
Se quedó quieta no intentó moverse porque sabía que el efecto sería contraproducente. Esperó por horas y miraba el cielo. No pudo evitarlo, al saber que prácticamente estaba en el cielo trató de tomar una nube y cuando se estiró para tocarla...
Eliza caía de la montaña a una velocidad impresionante, pasó el tiempo y aún no caía contra el suelo, cuando por fin lo vio, todo acabó, se encontraba en los brazos de su madre esta vez no en la montaña, sino en una nube.
Más que aliviada la niña se soltó a llorar de la emoción, el susto, emociones variadas.
Recuperó sus fuerzas y su rubor y le dijo a su madre: “Mientras yo caía por la montaña, pensé que nadie que me salvaría, si no fuera porque estás en este sueño, en el mundo real en mi mundo, estoy en una caída sin fin y nadie me puede sostener, conocerte fue lo mejor que me pasó, te quiero, pero ya no te visitaré más. Vivir en un sueño no es vivir, es la ilusión de todo lo que deseamos y amamos, pero no es de verdad. Aprendí algo de todo esto, tú siempre me vas a amar aunque no te vea aunque no te sienta aunque no te pueda abrazar, tú estás aquí conmigo. Buenas noches madre.

Al pronunciar estas palabras Eliza fue transportada a su habitación, no despertó hasta que pasaron algunas horas, vio el libro, lo abrió y en la última página había una flor, una concha, un frasco de arena y un pedazo de nube cristalizada.
Eliza no necesitaba más pruebas, su madre si estaba con ella.
Eliza fue corriendo al cuarto de su padre, corrió hacia su cama y le dio un abrazo enorme, un evento que nunca había pasado en la vida de Eliza, que ella pudiera recordar. Sin más hablar su padre comprendió el gesto y la abrazó de vuelta. Aunque fueran las siete de la mañana Eliza fue corriendo en pijama por la calle y llegó a la casa de su vecino, subió la escalera que daba al cuarto de Héctor, lo despertó pegándole con una almohada y le plantó un beso en la mejilla.
El mundo de Eliza cambió para siempre, para bien. Descubrió que las personas que más quería estaban con ella.
Todo lo demás no importaba sabía que de una vez por todas todo lo que necesitaba era saber que podía ser feliz y lo fue, más que nadie.

viernes, 25 de diciembre de 2009

Medios adulterados (Etcétera 2005)

Uno supondría que los autores intelectuales de los reality shows tienen que ser imbéciles. Sin embargo los índices de audiencia logrados, sugieren en realidad a tipos muy listos que han hallado un filón en la pendejez inconmensurable de los teleadictos. Lo anterior plantea una pregunta casi filosófica: ¿la estupidez de las propuestas televisivas tiene un efecto didáctico y abona a crear ciudadanos más idiotas? o en contrario, ¿los productores se han percatado de que las masas sufren formas benignas de retardo mental y acomodan de esa manera sus propuestas? No lo sé pero el asunto me resulta ligeramente deprimente.
En esencia el formato de cualquier reality show es elemental; juntar a una nube de imbéciles que buscan un premio y obligarlos a competir entre sí para ir diezmando la población como en la canción de los perritos. Se les puede situar en una casa y entonces ocurrirán cosas tan interesantes como verlos desayunar chicharrón con huevo o enjabonarse sus vergüenzas. Otro formato los sitúa a la mitad de la jungla prendiendo la fogata con palitos y el último que vi llevaba a tres parejas a una isla llena de buenones y buenonas que hacían todo lo posible por conocer a los personajes en el sentido bíblico para propiciar adulterios que luego se mostraban al cornudo por medio de una camarita. Uno más en el cual un hombre soltero y guapetón se enfrentaba a una docena de bellas a las que se fajaba alternativamente para luego expulsarlas y quedarse con una afortunada.
Cada que veo una cosa así me quedo muy estupefacto de que un señor tenga la idea, que la produzca, que haya voluntarios, que se transmita y finalmente que alguien vea estos programas. Ansioso de entender me sumergí en la red y encontré el siguiente comentario de un adolescente argentino respecto a un reality gringo llamado “Cheaters” (Infieles). He respetado las faltas ortográficas que dan cuenta superficial del descerebramiento que sufre este jovenazo y que son confirmadas por el contenido de su mensaje.

“CHEATERS :banana: alguien vio este programa?...esta increible, es por lejos uno de los mejores "realities" que vi!!...
basicamente abro este thread para ver de comentar algunos capitulos de esta serie ....
comienzo:
me acuerdo de un capitulo...jajajja... que hay un negro que cuando va a buscar a su esposa infiel a la puerta de un boliche se le cagan de risa todos y lo re gastan y le hacen chistes!!...jaja..que bueno...jajaja
ojo que este canal tambien tiene otras pavadas que son buenisimas...
PD: yo se que para los amantes del cine este thread es un delito, porque ustedes aman las cosas bien echas, pero bueno che, hay que agregarle una cuota de humor
Saludos!!!”
Este notable miembro de una generación más que perdida se refiere a un programa que se produce en Estados Unidos y recientemente fue adquirido en su versión doblada por Televisa. En él, algún voluntario lleno de sospechosismo (es menester usar los neologismos en estos tiempos de cambio) sobre la conducta de su pareja, escribe a los productores, si es elegido, recibe la visita de un señor que es guapetón y que le interroga respecto de sus dudas. El hombre o mujer contesta que su pareja fulanita de tal anda en malos pasos y se está cogiendo al vecino o a la jefa o a uno que no conoce. Lo que sigue es simplemente fascinante; un equipo de vigilancia con todo y cámaras sigue al protoadúltero en misión comando con el fin de documentar sus excesos carnales. Esto se logra inequívocamente en tres o cuatro días y acto seguido llaman a la pareja, la suben a una camionetota y le muestran la evidencia. La engañada o el engañado ponen cara de compungidos y se les comenta que en ese preciso instante su pareja infiel se encuentra dándole vuelo a la hilacha, por lo que se dirigen en su busca para pedir cuentas. Los desenlaces son genéricamente un vodevil en el que puede haber reclamos, bolsazos, mentadas de madre y muchas dosis de llanto salpicadas por frases de rigor tales como: “!yo que confié en ti¡” “¿pero cómo pudiste?”o “eres un miserable”.
El resultado final es esforzadamente patético y nos obliga a analizar esta tendencia de los medios a buscar esta crudeza en la eterna lucha del rating. Percibo una diferencia entre este programa y sus compañeros de arrabal. En el resto, los personajes que participan son voluntarios y han dado su consentimiento para ser filmados haciendo el ridículo en cadena nacional. En el caso de cheaters se trata de una invasión (probablemente ilegal) en la vida de las personas. El adulterio es un asunto privado y como tal debe manejarse. Resulta escandaloso que se pueda seguir impunemente a alguien, filmarlo y exhibirlo en una especie de picota moral sin que medie su conocimiento de lo que está pasando. La inmoralidad paradójicamente no estriba en los guiños adúlteros de tantas personas -que son inherentes al comportamiento humano y pueden tener explicaciones muy complejas- sino en este atropello brutal a la privacidad.
Exhibir públicamente un video o una grabación, como lo hacen con total impunidad y cada vez con más frecuencia los medios, es una prueba de que nuestra capacidad de poner freno a algún mínimo control a los excesos del gran hermano, es simplemente nula. Supongo que los antídotos tendrían que concentrarse no en los vetos (como algunos proponen), sino en la producción de televisión de mayor calidad. Sin embargo, las respuestas del público (es el triste caso de nuestro corresponsal argentino) son una muestra de que esta carroña tiene destinatarios específicos que encuentran “divertido” el proceso por medio del cual un hombre descubre a su mujer con otro y, en consecuencia, convierten este deseo de mejorar los productos televisivos en una buena intención que se ve tan cercana como la victoria del inefable doctor Simi en las próximas elecciones presidenciales.

jueves, 24 de diciembre de 2009

Breve historia de mi nombre (Uno más Uno 1989)

El ser humano, a través de su existencia, ha generado la búsqueda de una identidad que le permita diferenciarse del resto de sus congéneres. Existen serias perspectivas de fracaso si uno inicia esta tarea llamándose Juan Pérez, lo que ciertamente es un punto en contra. Pero, por otro lado, las soluciones empleadas para contrarrestar este problema a menudo son extremas y determinan nombres tales como: Leodegario, Pafnucio o Fedro, Quisiera referirme a este último básicamente porque es el mío y porque ademas creo que mi experiencia puede servir para que los padres indecisos que aún no han determinado cual será el nombre de su hijo (a), reunan mas elementos que les ayuden a tomar la decisión final.
Parece que los primeros problemas se presentaron cuando fui llevado a la pila bautismal, ya que el cura se negaba a bautizarme argumentando (con toda lógica) que mi nombre era pagano, ofreciendo como alternativa el nombre de Margarito, santo que se celebra el día de mi natalicio. Gracias a Dios, mis padres en un arrebato de determinación que aun les agradezco, desoyeron las indicaciones del párroco, con lo que esa Iglesia (la del Sagrado Corazón) dejó de contar a partir de ese momento entre su grey a la familia Guillén, y el mundo perdió a un sonrosado Margarito.
La primaria transcurrió en una razonable tranquilidad, debido básicamente a que los niños pequeños poseen una muy limitada capacidad de asombro. Algunos tragos amargos se presentaron durante mi adolescencia. Mis amigos asociaban mi nombre con lo primero que les venía a la cabeza, (perro, feo, jedro, ferro etc.) conducta que invariablemente derivaba en un pleito a golpes en el que yo, que pesaba 40 Kgs y med'ia 1.50m, llevaba la peor parte. Recuerdo que una vez al inicio de cursos el profesor de radio al que le decían "el bulbo" al pasar la lista de asistencia y llegar a mi nombre dijo al tiempo que reía: Qué chistoso, tiene nombre de árbol
Con grán dignidad yo repuse:
El nombre no es Cedro, es Fedro
Instantáneamente mientras se golpeaba el muslo con la palma de la mano su risa se tornó en carcajada mientras repetía:
¿Fedro?... ¡ja ja..Fedro!
Fue un momento muy humillante, aunque justo es decirlo sentí que la afrenta estaba cobrada cuando poco tiempo después durante una clase, un camión de la escuela sin frenos entró al salón justamente por la pared que sostenía el pizarrón, "el bulbo" que en ese momento explicaba la diferencia entre un circuito en serie y otro en paralelo, sufrió una crisis nerviosa que probablemente todavía lo tenga en el Hospital... por lo menos eso espero.
No existe un documento oficial en el cual mi nombre esté correctamente escrito, en todos dice Pedro. Mi relación con los burócratas se ha convertido en una especie de reto. Yo me presento en una oficina pública a tramitar, digamos, mi pasaporte, todo marcha muy bien hasta que llegamos al momento en que se me pregunta mi nombre de pila, yo contesto: Fedro y me apresuro a decir: con "F" la secretaria levanta la mirada, parpadea lentamente, para luego escribir en la maquina un nítido Pedro.
Esa es la historia de mi vida. Sin embargo, con el tiempo le he tomado cariño a mi nombre, y les puedo jurar que el primer hijo que yo traiga al mundo se llamará como su padre.... Fedro