En principio cuesta trabajo entender cómo un señor que nació en Anenecuilco el Alto puede odiar con toda su alma a su paisano de Anenecuilco el Bajo, nomás porque quiso el destino que los separara el Río de los Perros. Sin embargo, así sucede y, lo que es peor, la tendencia es mundial. Prácticamente en todo el planeta los terrícolas se han dedicado alegremente a darse en la madre con sus semejantes por motivos muy diversos que casi siempre tienen que ver con que no les da la gana integrarse. Las razones sobran: en España los catalanes reaccionaron a los vetos que les impuso ese gran cerdo que fue el general Franco. En Estados Unidos les ha preocupado toda la vida que señores que no tienen los dientes rubios gocen de los privilegios del sueño americano... y así nos seguimos.
En México, más allá de nuestra --aparentemente inevitable-- tendencia a tratar a los pueblos indígenas como el cabo Rusty trataba a su mascota (o peor), el asunto tiene un peculiar matiz que es el de los chilangos. Un chilango (en la modesta opinión de nuestros vecinos de toda la República) es un ser gordo, soberbio y prepotente que llega a su región con una actitud equivalente a la de Hernán Cortés cuando visitaba sus feudos; todo le perece pueblo y se desespera porque no hay treinta cines y dieciocho estéticas caninas. En síntesis: es un mamonazo (que por cierto habla como Pepe el Toro).
Es muy probable que la visión sea justa. Sin embargo, no es pareja. Evidentemente todo aquel que crea que el nacer en la ciudad de México representa alguna superioridad sobre los demás no puede ser otra cosa que un pendejo, y el asumir que todos los chilangos lo somos me parecería un exceso (aunque tengo una lista bastante amplia de paisanos que efectivamente se manejan con una imbecilidad ejemplar).
El Distrito Federal es una ciudad que se llenó a base de inmigrantes, yo mismo soy hijo de un chiapaneco y una guatemalteca (a la que le mando un saludo) y este origen (creo) nos da una visión en la que nuestros compatriotas no son vistos como jijos de la mala vida. En cambio cuando uno viaja al interior de la República se encuentra con actitudes recelosas en el mejor de los casos, o de franca violencia en el peor. Ya he narrado en algún lugar cómo una vez, comiendo tacos de panza de perro con Javier Aguirre en la ciudad de Guadalajara, se nos acercaron dos judiciales con la saludable misión de ponernos en la madre nomás porque les caían gordos los nacidos en esta noble capital. Evitamos la madrina actuando con una actitud que en aquel momento juzgué rastrera (miramos fijamente al suelo como si ahí estuviera Demi Moore encuerada) pero hoy, con el asunto filtrado por la pátina del tiempo, sé que me permitió conservar los veinticuatro dientes que aún poseo.
El problema tiene su origen, además de la obvia asimetría en la distribución de bienes y servicios, en la enorme susceptibilidad con que se maneja la honra. El asunto consiste en defender al país, al estado, al municipio o a los colores del equipo de futbol de la tlapalería. Nos parece terrible, por ejemplo, que un senador gringo (en general un marranazo) diga que somos corruptos, que no es otra cosa que la verdad. Al mismo nivel y en otra escala es lo mismo que si alguien tiene la infeliz ocurrencia de declarar que San Juan de las Pitas es horrible o que fue a Jingüenécuaro y se comió una cochinita que lo dejó ciego. Podremos esperar los respectivos actos de desagravio, que en el último caso podrían consistir en una manifestación encabezada por puerquitos bien cebados.
¿A dónde nos lleva este encono? Evidentemente a ningún lado que no sea la sensación del ridículo ajeno cuando se observa que en el momento de mencionar el nombre del estado natal de algún señor, éste siente la imperiosa necesidad de gritar y aventar el sombrero para arriba (que es lo que hacemos los mexicanos en el extranjero).
Hago, pues, desde esta humilde tribuna un llamado a la reconciliación nacional, no movido por la hermandad sino por la necesidad que tengo de viajar con frecuencia y la comprensible expectativa de conservar la dentadura aunque sea hasta los cuarenta años.
lunes, 28 de junio de 2010
viernes, 25 de junio de 2010
Este artículo se negó a publicarlo Víctor Roura bajo el argumento de que "a nadie le gustaba que le dijeran que trabaja en casa de la chingada" Diosss
“Lo difícil no es trabajar…la bronca es cobrar por lo que se trabaja” dijo alguna vez un tío y me dejó como los monolitos de la Isla de Pascua ya que no entendí de que carajo hablaba. Sin embargo, en fechas recientes he tenido la oportunidad de valorar la frase de marras y (con lágrimas en los ojos) reconocer lo certera que era.
Los mexicanos somos una raza desorganizada, voluble y en criterios administrativos insondable, no sé por qué, ni tengo el remedio. Sin embargo, me parece que los ejemplos que citaré a continuación son perlas que ofrezco en forma de analgésico a todos aquellos señores que se dedican a la cobranza y que cuentan desde hoy con mi más rendida solidaridad.
Como se sabe entre actividades varias me dedico a escribir y lo hago en diversos medios, bien en todos ellos el asunto de la cobrada es más difícil que la recuperación del vellocino de oro por parte de Jasón y sus argonautas. Permítame, querido lector, asestarle tres ejemplos tres. Omitiré de qué medios se trata, no vaya ser que encuentre almas susceptibles y no vuelva a cobrar nunca.
Ejemplo 1.- Me explican que uno debe ir a la revista los días jueves para revisar cuántos artículos ha escrito y en consecuencia hacer el recibo correspondiente que se entrega ese día para cobrar el viernes. Me parece anómalo y le digo a la señorita que si no sería más fácil que por teléfono ella me diera esta información el jueves y entonces yo entrego mi recibo a cambio de un cheque el viernes. Responde que no y yo (un alma en pena) llego el día jueves a la hora señalada. La misma señorita me dice que “esa semana los recibos se entregaban el miércoles” y me señala un pegote en la ventana que dice lo mismo que ella. Parpadeo y le pregunto –con cierta lógica- que cómo chingados podía haber leído el letrero antes del miércoles si me citaron el jueves. ¿Conclusión? Una derrota total que me hizo regresar la semana siguiente a cobrar con la cola entre las patas y que se agravó por un correo del director de la revista diciéndome que “mi recibo (dictado por la señorita simpatía) estaba mal llenado”.
Ejemplo 2.- “Aquí se cobra el segundo viernes de cada mes de 3 a 5” fue el desmoralizante comentario del responsable de administración del segundo medio. Bien considerando que un mes tiene en promedio veinte días hábiles con ocho horas laborables, podemos concluir sin apasionamientos que de las 160 horas hábiles, este medio concede dos al pago de los servicios de sus colaboradores lo que representa el 1.2% del tiempo total. Asumida la equitativa ecuación me encamino al medio (en casa de la chingada) me formo en una fila atrás de un señor que dice que es colaborador. Llega su turno y la cajera le dice “hoy no salieron los cheques”. Para mi sorpresa replica muy conforme “muy bien, vuelvo la semana que viene” y me deja con la misma cara que tenía Emilia Guiú el día que le anunciaron que su hija era negra.
Ejemplo 3.- En este caso hay tecnología; se trata de llenar una papeleta en la que uno tiene que decir qué día escribió, cómo se llamó el artículo, en qué página salió y cuánto va a cobrar por él (solo les falta preguntar la capital de Corea del Norte), aquí hay que ir los lunes y prepararse para enfrentar al señor de la puerta del que empiezo a sospechar que tiene una forma benigna de retardo mental. Llegó, me recibe, le explico que vengo a dejar un recibo y responde “eso es en cajas”. Entonces llama y me dice imperturbable “no hay nadie”. Por supuesto mi paciencia (que siempre ha sido poca) se desborda y le explico, a mi vez que son las doce del día, que es hora laborable y que tiene que haber alguien: “no hay nadie” es la respuesta. Le pregunto el teléfono del periódico, me lo da, marco de mi celular, me comunico con una persona que me da su extensión, se la repito al guardia que está enfrente de mí, la marca y finalmente paso, pero ya muy vencido ante tanta calamidad administrativa que –créame, querido lector- me está matando.
Los mexicanos somos una raza desorganizada, voluble y en criterios administrativos insondable, no sé por qué, ni tengo el remedio. Sin embargo, me parece que los ejemplos que citaré a continuación son perlas que ofrezco en forma de analgésico a todos aquellos señores que se dedican a la cobranza y que cuentan desde hoy con mi más rendida solidaridad.
Como se sabe entre actividades varias me dedico a escribir y lo hago en diversos medios, bien en todos ellos el asunto de la cobrada es más difícil que la recuperación del vellocino de oro por parte de Jasón y sus argonautas. Permítame, querido lector, asestarle tres ejemplos tres. Omitiré de qué medios se trata, no vaya ser que encuentre almas susceptibles y no vuelva a cobrar nunca.
Ejemplo 1.- Me explican que uno debe ir a la revista los días jueves para revisar cuántos artículos ha escrito y en consecuencia hacer el recibo correspondiente que se entrega ese día para cobrar el viernes. Me parece anómalo y le digo a la señorita que si no sería más fácil que por teléfono ella me diera esta información el jueves y entonces yo entrego mi recibo a cambio de un cheque el viernes. Responde que no y yo (un alma en pena) llego el día jueves a la hora señalada. La misma señorita me dice que “esa semana los recibos se entregaban el miércoles” y me señala un pegote en la ventana que dice lo mismo que ella. Parpadeo y le pregunto –con cierta lógica- que cómo chingados podía haber leído el letrero antes del miércoles si me citaron el jueves. ¿Conclusión? Una derrota total que me hizo regresar la semana siguiente a cobrar con la cola entre las patas y que se agravó por un correo del director de la revista diciéndome que “mi recibo (dictado por la señorita simpatía) estaba mal llenado”.
Ejemplo 2.- “Aquí se cobra el segundo viernes de cada mes de 3 a 5” fue el desmoralizante comentario del responsable de administración del segundo medio. Bien considerando que un mes tiene en promedio veinte días hábiles con ocho horas laborables, podemos concluir sin apasionamientos que de las 160 horas hábiles, este medio concede dos al pago de los servicios de sus colaboradores lo que representa el 1.2% del tiempo total. Asumida la equitativa ecuación me encamino al medio (en casa de la chingada) me formo en una fila atrás de un señor que dice que es colaborador. Llega su turno y la cajera le dice “hoy no salieron los cheques”. Para mi sorpresa replica muy conforme “muy bien, vuelvo la semana que viene” y me deja con la misma cara que tenía Emilia Guiú el día que le anunciaron que su hija era negra.
Ejemplo 3.- En este caso hay tecnología; se trata de llenar una papeleta en la que uno tiene que decir qué día escribió, cómo se llamó el artículo, en qué página salió y cuánto va a cobrar por él (solo les falta preguntar la capital de Corea del Norte), aquí hay que ir los lunes y prepararse para enfrentar al señor de la puerta del que empiezo a sospechar que tiene una forma benigna de retardo mental. Llegó, me recibe, le explico que vengo a dejar un recibo y responde “eso es en cajas”. Entonces llama y me dice imperturbable “no hay nadie”. Por supuesto mi paciencia (que siempre ha sido poca) se desborda y le explico, a mi vez que son las doce del día, que es hora laborable y que tiene que haber alguien: “no hay nadie” es la respuesta. Le pregunto el teléfono del periódico, me lo da, marco de mi celular, me comunico con una persona que me da su extensión, se la repito al guardia que está enfrente de mí, la marca y finalmente paso, pero ya muy vencido ante tanta calamidad administrativa que –créame, querido lector- me está matando.
miércoles, 23 de junio de 2010
La caja idiota (Etcétera 2009)
Dentro de los primeros recuerdos que guardo de una televisión se encuentran los cincuenta watts que recibía cada que intentaba cambiar el canal ya que al aparato le faltaba una perilla y daba unos toques que me dejaban el dedo negro. Por supuesto no había control remoto y dado que la televisión era de bulbos, tardaba una era geológica en prenderse. En la noche se acababa la programación por lo que aparecían unas rayas multicolores cuya función siempre ignoré. Las series eran de una precariedad ejemplar, particularmente las nacionales en las que uno podía observar sin ningún problema como los árboles de la escenografía se movían porque eran de cartón y no de madera.
Los tiempos han cambiado y hoy todo aquel que quiera ser feliz, debe tener una tele más grande que mis malos pensamientos, con pantalla plana y capaz de albergar todos los canales del planeta entre los que se encuentran propuestas tan fascinantes como el que emite desde Xalapa o la televisión gallega. La televisión es una fuente hipnótica que atrapa moscas tendiendo redes sutiles y a veces no tan sutiles. Mi hijo, el niño Frijol, ha empleado más tiempo de su vida frente a Bob Esponja que ante cualquier cuadro docente y cualquier recomendación crítica sobre la pertinencia de realizar otra actividad es recibida como se recibe una plaga de langostas.
Entiendo que este número se dedica de manera monográfica a este invento de la humanidad y se me pide mi opinión que –anticipo -.será apocalíptica.
Los pioneros de esta madre entendieron lo que hay que entender desde el inicio; la televisión es un negocio y no un esfuerzo educativo. Con ello en mente identificaron también que la enorme mayoría de los televidentes son pendejísimos y en consecuencia, generaron propuestas para saciar este apetito por la imbecilidad. Se argumentará que hay excepciones; efectivamente las hay, pero son eso excepciones por lo que siempre es mejor concentrarse en las reglas. Con fines analíticos y por un prurito científico me concentré en la programación de hoy lunes en el canal de las estrellas ya que entiendo que es el de más alta audiencia y me encontré lo siguiente:
Se trasmiten ocho telenovelas, algunas de nombres escalofriantes como “Hasta que el dinero no separe” y “Alma de hierro”. No puedo opinar profundamente ya que no las he visto pero en los cortos de alguna de ellas sale una niña disfrazada como la Chilindrina que se llama “Patito” (¿Patito? Se pregunta dentro de mí eso que se llama sentido del ridículo). Está también el gustado programa “Hoy” con la participación de los filósofos Raúl Araiza y una señora que se llama Andrea Legarreta a la que alguien le extirpó el gen del sentido de la moda. En este caso la esencia del programa gira alrededor de “chismes de famosos” y entonces uno encuentra cosas como “captamos a Fulanito muy alegre en un bar” que traducido al español es que se caía de pedo. Otra nota puede ser “molestaron a Sutanita las declaraciones de Menganita”. Aquí la traducción es que la una mandó a chingar a su madre a la otra por andar opinando.
A esta miseria se agregan programas de concursos en los que a señoras menestoras las hacen tocar animales con los ojos vendados y la más reciente innovación, otros en los que personas comunes (“comunes” es mucho decir pero ni modo) se asocian con artistas para contar chistes, cantar o bailar en un espectáculo de lesa humanidad.
Existe también la barra de películas en las que se nos asestan los fines de semana filmes que se estrenaron en 1954, en el mejor de los casos o las andanzas de la India María arriba de un burro. Los noticieros tienen la misma imparcialidad de un candidato vendido y trasmiten las noticias que consideran no lesionan sus propios intereses por lo que tampoco son –como podría pensarse ingenuamente- una opción informativa cabal.
Ante este panorama no hay más remedio que reconocer que la televisión es una fuente infinita de miseria intelectual que se adoba día con día con las preferencias de los televidentes que se refugian en ella “para soñar” como dice la gente imbécil.
Menudos sueños.
Los tiempos han cambiado y hoy todo aquel que quiera ser feliz, debe tener una tele más grande que mis malos pensamientos, con pantalla plana y capaz de albergar todos los canales del planeta entre los que se encuentran propuestas tan fascinantes como el que emite desde Xalapa o la televisión gallega. La televisión es una fuente hipnótica que atrapa moscas tendiendo redes sutiles y a veces no tan sutiles. Mi hijo, el niño Frijol, ha empleado más tiempo de su vida frente a Bob Esponja que ante cualquier cuadro docente y cualquier recomendación crítica sobre la pertinencia de realizar otra actividad es recibida como se recibe una plaga de langostas.
Entiendo que este número se dedica de manera monográfica a este invento de la humanidad y se me pide mi opinión que –anticipo -.será apocalíptica.
Los pioneros de esta madre entendieron lo que hay que entender desde el inicio; la televisión es un negocio y no un esfuerzo educativo. Con ello en mente identificaron también que la enorme mayoría de los televidentes son pendejísimos y en consecuencia, generaron propuestas para saciar este apetito por la imbecilidad. Se argumentará que hay excepciones; efectivamente las hay, pero son eso excepciones por lo que siempre es mejor concentrarse en las reglas. Con fines analíticos y por un prurito científico me concentré en la programación de hoy lunes en el canal de las estrellas ya que entiendo que es el de más alta audiencia y me encontré lo siguiente:
Se trasmiten ocho telenovelas, algunas de nombres escalofriantes como “Hasta que el dinero no separe” y “Alma de hierro”. No puedo opinar profundamente ya que no las he visto pero en los cortos de alguna de ellas sale una niña disfrazada como la Chilindrina que se llama “Patito” (¿Patito? Se pregunta dentro de mí eso que se llama sentido del ridículo). Está también el gustado programa “Hoy” con la participación de los filósofos Raúl Araiza y una señora que se llama Andrea Legarreta a la que alguien le extirpó el gen del sentido de la moda. En este caso la esencia del programa gira alrededor de “chismes de famosos” y entonces uno encuentra cosas como “captamos a Fulanito muy alegre en un bar” que traducido al español es que se caía de pedo. Otra nota puede ser “molestaron a Sutanita las declaraciones de Menganita”. Aquí la traducción es que la una mandó a chingar a su madre a la otra por andar opinando.
A esta miseria se agregan programas de concursos en los que a señoras menestoras las hacen tocar animales con los ojos vendados y la más reciente innovación, otros en los que personas comunes (“comunes” es mucho decir pero ni modo) se asocian con artistas para contar chistes, cantar o bailar en un espectáculo de lesa humanidad.
Existe también la barra de películas en las que se nos asestan los fines de semana filmes que se estrenaron en 1954, en el mejor de los casos o las andanzas de la India María arriba de un burro. Los noticieros tienen la misma imparcialidad de un candidato vendido y trasmiten las noticias que consideran no lesionan sus propios intereses por lo que tampoco son –como podría pensarse ingenuamente- una opción informativa cabal.
Ante este panorama no hay más remedio que reconocer que la televisión es una fuente infinita de miseria intelectual que se adoba día con día con las preferencias de los televidentes que se refugian en ella “para soñar” como dice la gente imbécil.
Menudos sueños.
lunes, 21 de junio de 2010
Diálogos mundialistas (Milenio 2010)
“El futbol es lo más importante de lo menos importante” dicen que dijo Jorge Valdano y es probable que tenga razón; las siguientes semanas el mundo entrará en modo de pausa y nadie se acordará del SME jodiendo la borrega, de puertas derribadas o de gasolinazos a traición…llego el mundial señores.
El próximo mes estaremos invadidos por la veta mamarracha tan conspicua en los mexicanos en estas circunstancias y enfrentaremos los siguientes hechos científicos.
a) “El Compayito”, ese intelectual de Televisa, saldrá a la calle a alburear sudafricanos, hará uno que otro chiste racial y caminará de la mano del Perro Bermudez por los senderos de la imbecilidad mientras ponen apodos dignos del ingenio de Borolas como: “Za-Za..Salcido”.
b) Nuestros jugadores entrarán al estadio y comentarán cosas como: “mira el preciso está sentado al lado de Morgan Freeman”, “No es tsuru, pendejo, se dice “zu-lu” o “No, mi Cuah, Sudafrica no es al Norte”
c) Los quince mil compatriotas que viajen a tierras sudafricanas, tendrán algunos comportamientos anómalos, porque anómalo es, por ejemplo, salir a la calle con un sombrero de Juan Charrasqueado, poniéndoles matracazos a traición a la pobre gente que no le hace daño a nadie. Otra veta nacional será la de arrancarse con “Cielito Lindo” a la menor provocación, embriagarse si no llegamos al quinto partido y agredir algún símbolo nacional con orines.
d) Los horarios matutinos de los partidos generarán otro prodigio; a las 11 de la mañana uno será testigo de gente que en lugar de huevos motuleños desayunó ron Potosí por lo que la ciudad estará llena de beodos a horas que no son horas. Ello seguramente tendrá un efecto pernicioso en el tránsito de la ciudad, que se matizará por el nada desdeñable hecho de que la productividad nacional decaerá en 20% de acuerdo a un reciente reporte, lo que nos califica limpiamente como unos huevones y desobligados.
e) La bipolaridad de Aguirre se exacerbará en función de los resultados; si nos va bien, saldrán los anuncios esos donde casi casi nos compara con Suecia y todo es posible, a la primera derrota, en cambio se reactivara la idea de que México es un país jodido y sin el menor remedio.
f) La misma bipolaridad aplicará al noble y esforzado pueblo mexicano; los jugadores tienen la oportunidad de regresar a que les hagan sus estatuas como la de Juanitos i cumplen, en caso contrario deberán tramitar asilo político por el riesgo que los reciba una turba mienta madres a huevazos en el aeropuerto.
g) Durante un mes seremos recetados con muy interesantes reportajes en el que algún mequetrefe nos dirá cosas como: “esto es un león”, “las chozas zulus, están hechas de guano fermentado” o “una de las costumbres locales es comer campamochas” mientras vemos al protagonista metiéndose a la boca algo que a todas luces se aprecia repugnante.
h) Un reciente reporte demuestra que México es el segundo equipo más chaparro del mundial, sólo superado por los Chilenos, ello provocará que se nos aseste ad nauseaum, mamarrachadas como “táctica fija”, “juego aéreo” y un concepto denominado “carrilero” que ignoro qué significa, pero suena dominguerón.
Un elemento más en este sainete es la “consulta” kamikaze que la Presidencia de la República realizó para saber si le dábamos permiso a Felipe de faltar a clases. Es un monumento al cohetero; si va, como ya se anunció, le mentarán la madre por dejar un país que se deshace para observar los pasecitos a la red, si se queda, le dirán que no es un buen mexicano y que los deja solos en los momentos importantes. El peor escenario es que asista al estadio y pierda México porque entonces su poder saladaor quedará de manifiesto. Pero así es el brainstorm de los Pinos. Dios
El humor que tenga cuando lea estas líneas, querido lector, será una función directa del resultado de México que jugó el viernes pasado pero que no lo había hecho cuando Jairo Calixto me pidió esta nota. Si perdimos le ruego sea benevolente, si la victoria nos sonrió, lo veo en el Ángel (soy el pelón de barbita).
El próximo mes estaremos invadidos por la veta mamarracha tan conspicua en los mexicanos en estas circunstancias y enfrentaremos los siguientes hechos científicos.
a) “El Compayito”, ese intelectual de Televisa, saldrá a la calle a alburear sudafricanos, hará uno que otro chiste racial y caminará de la mano del Perro Bermudez por los senderos de la imbecilidad mientras ponen apodos dignos del ingenio de Borolas como: “Za-Za..Salcido”.
b) Nuestros jugadores entrarán al estadio y comentarán cosas como: “mira el preciso está sentado al lado de Morgan Freeman”, “No es tsuru, pendejo, se dice “zu-lu” o “No, mi Cuah, Sudafrica no es al Norte”
c) Los quince mil compatriotas que viajen a tierras sudafricanas, tendrán algunos comportamientos anómalos, porque anómalo es, por ejemplo, salir a la calle con un sombrero de Juan Charrasqueado, poniéndoles matracazos a traición a la pobre gente que no le hace daño a nadie. Otra veta nacional será la de arrancarse con “Cielito Lindo” a la menor provocación, embriagarse si no llegamos al quinto partido y agredir algún símbolo nacional con orines.
d) Los horarios matutinos de los partidos generarán otro prodigio; a las 11 de la mañana uno será testigo de gente que en lugar de huevos motuleños desayunó ron Potosí por lo que la ciudad estará llena de beodos a horas que no son horas. Ello seguramente tendrá un efecto pernicioso en el tránsito de la ciudad, que se matizará por el nada desdeñable hecho de que la productividad nacional decaerá en 20% de acuerdo a un reciente reporte, lo que nos califica limpiamente como unos huevones y desobligados.
e) La bipolaridad de Aguirre se exacerbará en función de los resultados; si nos va bien, saldrán los anuncios esos donde casi casi nos compara con Suecia y todo es posible, a la primera derrota, en cambio se reactivara la idea de que México es un país jodido y sin el menor remedio.
f) La misma bipolaridad aplicará al noble y esforzado pueblo mexicano; los jugadores tienen la oportunidad de regresar a que les hagan sus estatuas como la de Juanitos i cumplen, en caso contrario deberán tramitar asilo político por el riesgo que los reciba una turba mienta madres a huevazos en el aeropuerto.
g) Durante un mes seremos recetados con muy interesantes reportajes en el que algún mequetrefe nos dirá cosas como: “esto es un león”, “las chozas zulus, están hechas de guano fermentado” o “una de las costumbres locales es comer campamochas” mientras vemos al protagonista metiéndose a la boca algo que a todas luces se aprecia repugnante.
h) Un reciente reporte demuestra que México es el segundo equipo más chaparro del mundial, sólo superado por los Chilenos, ello provocará que se nos aseste ad nauseaum, mamarrachadas como “táctica fija”, “juego aéreo” y un concepto denominado “carrilero” que ignoro qué significa, pero suena dominguerón.
Un elemento más en este sainete es la “consulta” kamikaze que la Presidencia de la República realizó para saber si le dábamos permiso a Felipe de faltar a clases. Es un monumento al cohetero; si va, como ya se anunció, le mentarán la madre por dejar un país que se deshace para observar los pasecitos a la red, si se queda, le dirán que no es un buen mexicano y que los deja solos en los momentos importantes. El peor escenario es que asista al estadio y pierda México porque entonces su poder saladaor quedará de manifiesto. Pero así es el brainstorm de los Pinos. Dios
El humor que tenga cuando lea estas líneas, querido lector, será una función directa del resultado de México que jugó el viernes pasado pero que no lo había hecho cuando Jairo Calixto me pidió esta nota. Si perdimos le ruego sea benevolente, si la victoria nos sonrió, lo veo en el Ángel (soy el pelón de barbita).
sábado, 19 de junio de 2010
Disfraces zoofílicos (El Financiero 2007)
Cuando pensé que lo había visto todo con respecto al pinche halloween me encontré con la siguiente nota en el periódico El Universal que reproduzco íntegra dado su enorme valor antropológico y si no ayúdeme, querido lector, a juzgar porque creo que el asunto me rebasa: "Aproximadamente 7% de los dueños de mascotas adquirieron un disfraz para sus animalitos en este Halloween, un aumento de 3% con respecto del año pasado (cifras de Estados Unidos), de acuerdo con la Asociación Americana de Manufactura de Productos para Mascotas. Si planeas unirte a la tendencia, ten en cuenta, antes que nada, la comodidad y seguridad de tu peludo amigo al hacerlo. Aquí te damos algunas recomendaciones a) Ten cuidado de no atar los lazos y hebillas en forma apretada, porque podrían bloquear el paso del aire y provocar asfixia. b) Comprueba que el animal pueda moverse libremente y que el traje no restrinja su visión ni su oído. c) No dejes que tu mascota roa o mastique el disfraz, puede contener tintas tóxicas y otros químicos. d) Comprueba que el material del que está hecho no sea inflamable. e) Procura que tu compañero se acostumbre a su traje de Batman poniéndoselo a ratos unos días antes de la festividad; la noche de Halloween no se lo dejes puesto por mucho tiempo. f) Un disfraz que tenga algunas franjas o detalles fluorescentes, como el de un esqueleto por ejemplo, que reflejen la luz, será mejor si vas a pasear a tu mascota de noche. g) Si tienes un perro, sácalo sólo con su correa, hay muchas distracciones esa noche. h) Una advertencia final, no dejes que se acerque a velas o veladoras encendidas, el disfraz puede encenderse y causarle quemaduras graves."
Muy bien, las sorpresas, por lo menos para mí son múltiples; la primera es que si consideramos, de acuerdo al reciente censo, que la población de Estados Unidos ronda los 300 millones de personas podemos asumir, siguiendo un cálculo elemental que existen 23.7 millones de imbéciles que disfrutan poniéndole gorritos a sus mascotas…son muchos millones se trate de quien se trate. Los consejitos ofrecidos son absolutamente congruentes con el coeficiente intelectual de los destinatarios. Por ejemplo el de no asfixiar a la comadreja con un lazo en el pescuezo. Otras son limitaciones porque si la señora Montgomery de Huntintongville Illinois, decide disfrazar a su loro huasteco de fantasma tendrá que hacerle orejeras para que el pájaro pueda escuchar. Se pide que se evite que el animal roa o mastique su disfraz para que no se intoxique y sin embargo el consejo más importante y predecible no se da; si yo fuera una mascota y viera venir a mi amo con una capa del conde Drácula que me quiere poner a huevo, no solo lo roería, le sacaría los ojos a chingadazos. Por supuesto tuve una visión; el traje de Batman acomodado en el cuerpo regordete de Adam West ya me parecía en sí mismo espantoso y ahora imaginarlo en el puerco espín del vecino me produce sensaciones varias, la dominante por supuesto es que hay que tener una forma benigna de retardo mental para tal idea. Se advierte de ponerle a la mascota algo así como huesos del cuerpo fluorescentes, supongo que para evitar un atropellamiento si entender que éste ya se dio en el momento de la disfrazadera. La idea de ponerle la correa al perro es críptica ya que se trata de una noche con “Muchas distracciones”. En efecto cualquiera puede perder la concentración si al caminar por las banquetas de Alabama se encuentra con una boa constrictor disfrazada de momia que podría parecer el bastón de yeso de gigante del Monte.
En fin, no entiendo nada como es costumbre. Los disfraces siempre me han parecido ridículos y cuando la gente los aplica a sus mascotas invariablemente pienso en lo mal que está el mundo. A los 23 millones que velan armas con una máscara de Frankestein para su marmota mis saludos y el deseo más sincero de que sigan felices en sus lugares natales. Mientras se queden allá y yo permanezca en estas tierras no tendremos ningún problema.
Muy bien, las sorpresas, por lo menos para mí son múltiples; la primera es que si consideramos, de acuerdo al reciente censo, que la población de Estados Unidos ronda los 300 millones de personas podemos asumir, siguiendo un cálculo elemental que existen 23.7 millones de imbéciles que disfrutan poniéndole gorritos a sus mascotas…son muchos millones se trate de quien se trate. Los consejitos ofrecidos son absolutamente congruentes con el coeficiente intelectual de los destinatarios. Por ejemplo el de no asfixiar a la comadreja con un lazo en el pescuezo. Otras son limitaciones porque si la señora Montgomery de Huntintongville Illinois, decide disfrazar a su loro huasteco de fantasma tendrá que hacerle orejeras para que el pájaro pueda escuchar. Se pide que se evite que el animal roa o mastique su disfraz para que no se intoxique y sin embargo el consejo más importante y predecible no se da; si yo fuera una mascota y viera venir a mi amo con una capa del conde Drácula que me quiere poner a huevo, no solo lo roería, le sacaría los ojos a chingadazos. Por supuesto tuve una visión; el traje de Batman acomodado en el cuerpo regordete de Adam West ya me parecía en sí mismo espantoso y ahora imaginarlo en el puerco espín del vecino me produce sensaciones varias, la dominante por supuesto es que hay que tener una forma benigna de retardo mental para tal idea. Se advierte de ponerle a la mascota algo así como huesos del cuerpo fluorescentes, supongo que para evitar un atropellamiento si entender que éste ya se dio en el momento de la disfrazadera. La idea de ponerle la correa al perro es críptica ya que se trata de una noche con “Muchas distracciones”. En efecto cualquiera puede perder la concentración si al caminar por las banquetas de Alabama se encuentra con una boa constrictor disfrazada de momia que podría parecer el bastón de yeso de gigante del Monte.
En fin, no entiendo nada como es costumbre. Los disfraces siempre me han parecido ridículos y cuando la gente los aplica a sus mascotas invariablemente pienso en lo mal que está el mundo. A los 23 millones que velan armas con una máscara de Frankestein para su marmota mis saludos y el deseo más sincero de que sigan felices en sus lugares natales. Mientras se queden allá y yo permanezca en estas tierras no tendremos ningún problema.
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