viernes, 18 de diciembre de 2009

Pastorela 2009 Pa mis hijos y sobrinos

PAULINA (10) CLARITA
ISABEL (9) DIABLA 1
MARIANA (8) DIABLA 2
SANTIAGO (14) ANGEL 1
FEDRO (13) ANGEL 2
CONSTANZA (4) ANGEL 3
SOFÍA (12) VIRGEN MARIA
MALENA (3) BURRO
PACO (7) SAN JOSE
TOÑO (18) MELCHOR
BETO (5) GASPAR
FERNANDO (5) BALTASAR
SERGIO (11) L Y F 1
ANDREA (13) L Y F 2
MARIA (15) JUANITO
REGINA (22) ABOGADA
Letrero que dice “Copenhague” se oyen gritos atrás y Angel 1, 2 y 3 salen con pancartas que dicen:
“Calderón, sóplame un ojo. Energías eólicas”, “Carstens, a calentar la banca, energías solares”, “Obama, la porra te saluda”
(Entran Angeles 1, 2 y 3 vestidos de invierno)
Angel 1.- Esto sí es trabajo sucio, Mira que mandarnos a Copenhague en Navidad. Aquí hace más frío que en el Polo…
Angel 2.- Sí hermano, y allá por lo menos la señora de Clos nos daba chocolatito
Angel 3.- Sí pero yo no entendí quiénes eran los enanitos y el gordo ridículo.
Angel 1.- Angelita¡¡ más respeto¡¡¡ se llama Santa Clos y si bien reconozco que se le pasaron los romeritos, es un buen hombre. El pobre ya no sabe si el Xbox es 417 o 518.
Angel 2.- Basta de distracciones¡¡¡ no nos enviaron a perder el tiempo, los países están deliberando y debemos incidir en la votación…
Angel 3.- No entiendo nada…
Angel 1.- Ni entenderás si sigues interrumpiendo. La crisis es grave, muy grave, el calentamiento se va a cargar a los pingüinos
Angel 2.- Esa sería una gran noticia para Batman…
Angel 1.- Dios, me he rodeado de inútiles… Pongan atención, el calentamiento pone en riesgo la llegada de María y José. El burro se desorienta, María está llena de bochornos y José…
Angel 2.- ¿José? Ya sabemos que es medio inútil…cada pastorela es lo mismo…siempre se pierde. Tienes razón vamos a protestar. Angelita tú primero
Angel 3.- Okei “Calderón maricóooon”
(Salen)
(Entran María, José y el burro. José carga al burro o lo lleva en un carrito))
María.- José, gordo, ¿otra vez perdidos? No puede ser. Se supone que vamos a Belén y el último letrero decía Deportivo Huayamilpas
José.- Lo sé mujer, lo sé, pero con 20 años de pastorela ya las corvas no dan, el burro está clonado y la verdad es que no veo nada. (se pone lentes y mira al cielo)…no veo nada y encima cargando al burro.
María.- En efecto, no se ve nada dicen que es por el calentamiento, pero lo que yo tengo es un bochorno global y las contracciones me están matando.
José.- Espera mujer, espera que el burro ya se enclochó (se dirige al burro). Burro, se supone que nos debes llevar, no nosotros a ti.
Burro.- Es que he estado malito
María.- José¡¡¡¡ se fue la luz¡¡¡ ¿qué hacemos? Este año por tacaño no me llevaste al psicoprofiláctico
José.- Déjame ver si encuentro unos fusibles
(Entran L y F 1 y 2) Debe ser evidente que son del sindicato ya sea con cascos o logos hablan naquísimo)
L y F.- Alto¡¡¡ compañeros la lucha sindical los necesita¡¡¡ hemos sido despojados de nuestras legítimas fuentes de trabajo¡¡¡
L y F 2.- Sí caray, tan eficientes que éramos. Extraño mi chamba, ahora que nos corrieron, hacemos lo mismo, es decir nada, pero sin cobrar y no se vale.
María.- Señores, señores ¿ustedes saben cómo llegamos a Belén?
José.- ¿Y por qué no hay luz?
L y F 1.- Uyyy jovenazo, lo de la luz va a estar en chino decidimos bajar el switch (saca una palanca)
Ly F 2.- Echacatamente…nuestra lucha es la lucha del pueblo bueno… a menos que se quieran poner a mano
Burro.- Tengo miedo
L y F 1.- No cederemos, además el compañero Rafael Acosta pa los cuates “Juanito” prometió respaldar nuestro movimiento.
María.- ¿Juanito? Y ése quién es ¡Ay José¡ ahí viene el niño…
Ly F 1.- ¡Jesus¡
José.- ¿Jesus? No es mal nombre q te parece mujer..está mejor que Ponfilio
Burro.- Tengo miedo
María.- José¡¡¡¡¡¡
José.- Perdón mujer ¿quién es ése Juanito?
(entra Juanito y la licenciada él trae su banda y ella un portafolio)
Juanito.- Qué se ofrece, que se ofrece? aquí estamos ¿verdá? Porque la gente votó por Juanito y diario recibo más de 500 correos ¿verdá? De mis seguidores que saben que no los voy a dejar solos a ver licenciada léame el último
(La licenciada saca su blackberry y lee)
Licenciada.- Estimado señor Ponfilio…
Juanito.- Juanito Ju-a-ni-to, verdá? No se mande licenciada que lo del acta falsa era un compló…siga
Licenciada.- Perdón..estimado señor Juanito…puras promesas con usted, es un mamarracho menesteroso usted no tiene mad…
(Juanito interrumpe)
Juanito.- Suficiente, licenciada, suficiente ¿verdá? (se dirige al resto) ¿Y ustedes que transa? ¿Son gente de Clarita? Se me hace que sí verdá? Porque manda puras gordas…
José.- Óigame¡¡¡ la señora está embarazada, más respeto¡¡¡
L y F 1.- Juanito, somos del sindicato y nos dijeron que nos pusiéramos a tus órdenes
L y F 2.- Sí somos las fuerzas vivas. Tú di burro y yo brinco
Burro.- Tengo miedo
Juanito.- Licenciada ¿cuál es mi agenda de hoy?
(La licenciada abre el portafolios, saca un TV novelas con una encuerada)
Juanito.- No licenciada el taller de lectura es mañana, prosiga.
(La licenciada saca un papel y lee)
Licenciada.- Veamos, cita con Marcelo y Mariagna (evitar el chupe), mitin en la glorieta de camarones. Obra en el Blanquita con El Caballo y tareas de soporte logístico para que nazca el niño Dios.
Juanit.- Achis achis…la Mariagna ésa se pone re mal, la última vez le sacó el relleno al pavo…
(Se dirige a José y María)
Juanito.- Muy bien jovenazos ¿ustedes tiene el protagónico?
María.- No sé de qué habla señor Juanito pero debe ayudarnos, el niño está por nacer, el burro se ha colapsado, se fue la luz y no podemos ver la estrellas por el cambio climático…
Juanito.- Tiene que ser obra de Clarita…
L y F 1.- Juanito, lo de la luz, lo arreglamos, somos maestros en el arte de los diablitos. Aunque este inútil la última vez dejó a obscuras a medio Ecatepec…
L y F 2.- Oh bueno, se trataba de arreglos logísticos,y no se mocharon pa los chescos…
María.- ¿Nos ayudarán?
L y F 1.- Lo que diga Juanito
L y F 2.- Le entramos si nos da la administración de la semana santa con la concesión de las tortas de queso de puerco sin rasurar.
Juanito.- Hecho¡¡ Licenciada, páseme mi agenda
(La licenciada saca unos cazares, una matraca un llavero de peluche y le da una agenda, Juanito la revisa)
Juanito.- Vámonos¡¡¡ Clarita se prepara.
Burro.- Tengo miedo
(Salen)
(Entran Clarita y Diabla 1 y Diabla 2 las tres traen cuernos)
Clarita.- A ver a ver, mis canchanchanes. Este año lo podemos lograr, estamos más cerca que nunca
Diablo 1.- Y tenemos el apoyo del rayito de Esperanza tropical
Diablo2.- Pero no tengo claro qué tenemos qué hacer…yo de mentadas de madre ya estoy harta.
Clarita.- Usted no desista…no desista. Ya tenemos la delegación Iztapalapa, un (saca un papel y lee con dificultad) énclave estratégico. Este Noroña con sus palabritas domingueras (continúa)…un énclave estratégico en la lucha popular.
Diablo1.- No sé que es eso, lo que necesitamos es saber qué tenemos que hacer Clarita…instrucciones por favor.
Diablo 2.- Sí porque además de que nos mientan la madre nos caen a huevazos
Clarita.- Muy bien, tenemos que impedir que el niño nazca porque ello puede traer esperanza a la gente y eso no nos conviene. Mandé a los de Luz y Fuerza para sabotear la luz ¿hay noticias?
(Diablo 2 saca un celular y marca)
Diablo 2.- Sí, no, sí, ajá, no, jajaj la que traigo de campana…qué? Bueno yo le aviso.
Diablo 3.- ¿Qué pasó manita? ¿era el Cacharifas?
Diablo 2.- No, era el Mazahual que manda decir que ya se nos voltiaron y que andan con Juanito, que el les ofrece puestos y no marinas de mole.
Clarita.- Noooooo¡¡¡¡ tenemos que impedirlo, vamos por Noroñas, ése sí les parte su mandarina en gajos. Vamos.
(Salen)
(Entran los reyes magos)
Melchor.- Amigos míos, este año ha estado muy rudo. El catarrito de Cartsens se convirtió en neumonía ya no se siente lo duro, sino lo tupido. Encima de todo con el calentamiento no veo la estrella de Oriente
Gaspar.- Si Melchor, tienes razón ¿te acuerdas que el policía nos dijo que fuéramos a la TAPO?
Baltasar.- Pero ni Tapo ni nada…yo ya no aguanto los pies.
Melchor.- No te quejes Baltasar, empeñar los animales era necesario para los regalos del niño. Además han quedado en buenas manos
Gaspar.- ¿Te parece que el circo de los hermanos Fuentes Gazca son buenas manos?
Baltasar.-Exacto, yo no estoy nada seguro, el domador como que se quería filetear a Abú, mi querido dromedario.
Melchor.- No se quejen y sigamos, de otra manera vamos a llegar como siempre…tarde mal y nunca ¿alguien trae un GPS?
(Gaspar saca un aparato y se lo da)
Melchor.- Dios mío, estamos más desviados que las ideas de la Gordillo, es para el otro lado¡¡¡
(Gaspar saca una guía roji)
Gaspar.- De acuerdo a mi confiable guía roji, nos hayamos en Tejupilco el Chico, así que debemos apresurarnos
Baltasar.- Lo sabía creo que el año que viene mejor me alquilo en la Alameda.
(salen)
(Entran Angeles se oyen gritos atrás)
Angel 1.- Híjole, que frío y los presidentes que no llegan a acuerdos, la única noticia es que hay huelga de prostit…
(Lo interrumpe Angel 2)
Angel 2.- Señoritas que fuman, señoritas que fuman, hable bien…
Angel 1.- Bueno, lo que sea, el hecho es que si estos inútiles no llegan a un acuerdo el cielo nunca se despejará, los mares subirán y ya no habrá pastorelas.
Angel 3.- Por eso, o porque el autor es un fodongo.
Angel 1.- Creo que poco podemos hacer, lo mejor será regresar y ver cómo están las cosas por allá, el niño ya va a nacer y aquí somos de la misma utilidad que un maestro mexicano.
Angel 2.- De acuerdo pero esta vez pido pasillo en el avión, ya sabes que con las corrientes de aire me dan vahídos…vamos.
(Salen)
(Entran Juanito, la licenciada, L y F 1, L y F 2, José, María y el Burro)
Juanito.- Camaradas…la cosa está de la chifosca verda? La ñora ya va a parir y nadie sabe técnicas de psicpropedeutico
Licenciada.- Psicoprofilático…
Burro.- Tengo miedo.
Juanito.- Eso¡¡¡ eso. Psicronmportilactico…. Está peor que Ponfilio. Mis asesores me informan que Clarita ya se arrancó a nuestro encuentro ¿sugerencias?
L y F 1.- Una es llamar a los camaradas de los 400 pueblos pa que hagan una manifestación encuerados.
L y F.- Sí son como un arma de destrucción masiva, los que los miran no vuelven a comer en 3 días.
María.- Señores, por caridad, ya estoy dilatada.
(Juanito saca un reloj)
Juanito.- Pos le presto mi reloj jajajaj un chistoretazo ¿verdá? Es que desde que soy artista me brota el carisma.
José.- No sea payaso y ayúdenos, no queremos aacabar en el ISSSte como el año pasado
Burro.- Fue horrible
Licenciada.- Señor, los reportes indican que Clarita se aproxima con rumbo Nor noroeste.
Juanito.- No sea payasa licenciada verdá? ¿Dónde queda eso?
Licenciada.- Por el deportivo los Galeana
L y F 1.- Entons qué, le entramos con los 400 pueblos?
L y F 2.- Nomás que esos si cobran en especie
Juanito.- Nanches que. Miren ahí están ¡¡¡vamos a tupirles¡¡¡
(salen regresa Juanito)
Juanito.- Verdá? Perdón pero es una muletilla que me enseñó el Caballo Rojas
(sale, entra el burro)
Burro.- Tengo miedo
(Sale)
(Entra Clarita diablo 1 y 2)
Clarita.- Todo se está derrumbado esos canijos del sindicato ya se nos voltearon
Diablo 1.- Sí y son un montón
Diablo 2.- Yo estoy simplemente harrrta
Clarita.- Podemos pedirle poyo a Marcelo porque el rayito ni sus luces.
Diablo1.- Parece que la rayito lo boicotearon los electricistas y ya quedo en velita, no en rayito.
Diablo 2.- Pues ni modo que nos rajemos ¡ahí vienen¡¡¡
Clarita.- La victoria fue siempre de quien jamás dudó, mmm que buena frase¡¡¡siempre la quise decir en la pastorela. Vamos¡¡¡
Diablo1.- ¡¡¡así se templó el acero¡¡¡
Diablo 2.- ¡¡¡la lucha del pueblo es la lucha de todos¡¡¡
Clarita.- No pus este año el Noroñas si se esmeró con las frasecitas…vamos¡¡¡
(Salen)
(Entran ángeles y reyes magos)
Melchor.- ¿Y qué tal Copenhague?
Angel 1.- Se come bien, hay muy buen arenque
Gaspar.- ¿Y el clima?
Angel 2.- Frión,, hermano, frión
Baltasar.- ¿Y consiguieron algo?
(Angel 3 saca una esferita (Fedro autor la tiene y la pone ese día)
Angel 3.- mira, un bonito recuerdo
Melchor.- Nosotros como idiotas y la batalla ha empezado, necesitamos reforzarlos si no les va a ir peor que al atlante con el Barcelona, vamos¡¡¡¡¡¡
(salen todos atrás del escenario se oyen gritos de batalla)
Clarita.- Bellacos¡¡¡
Juanito.- Ganapanes¡¡¡
María.- El niño¡¡¡¡¡¡
José.- El burro¡¡¡¡
Burro.- Tengo miedo¡¡¡¡
Melchor.- De quién es el blackberry¡¡¡¡¡
Angel 1.- Esta Clarita muerde¡¡¡¡
Angel 2.- ya se descontaron a Juanito¡¡¡¡
(la pelea termina entran todos, Juanito y el burro traen un ojo morado. Clarita y los diablos vienen con las manos amarradas y María trae al niño en brazos)
María.- Queridos amigos, sabemos que lo sabían pero no lo deben olvidar. El bien siempre triunfa. En estos tiempos todos nosotros les recordamos lo importante que es estar unidos y juntos para seguir adelante y lograr un año y muchos más mejores para todos. Los queremos mucho
(todos)
Felicidades¡¡¡¡
Burro.- Tengo miedo

jueves, 17 de diciembre de 2009

María de mi corazón (Etcétera 1997)

--¿Pipí?
-- Sí, pipí.
La respuesta me desbordaba; si era necesario meter un papelito de colores en pipí para demostrar mi fecundidad la cosa no podía empezar bien.
Y sin embargo así inició.
El origen de la historia se remonta al consultorio 721 de un Hospital muy caro del sur de la Ciudad de México. Un servidor había establecido su primera cita con el urólogo ¿Por qué? Pues por una molestia que me aquejaba en el testículo derecho (al que en adelante me referiré con el término castizo: huevo). Pues bien a resultas de mi dolor en un huevo llegué a la antesala del doctor -que con propósitos narrativos llamaremos Jekyll-. Hice una antesala de hora y media y me entretuve observando el rostro de los antesalistas. Era deprimente; todos y cada uno de ellos tenían muy mala cara. Parecían protagonistas de una historia de Dickens. Cuando llegó mi turno, entré a una oficina y Jekyll se encargó de hacerme preguntas muy raras del tipo: "si come picante, ¿no le arde?". Después del interrogatorio entramos en una salita con plancha de metal, el galeno me ordenó bajarme los pantalones. Recordando a Ibargüengoitia y su Ley de Herodes, tragué saliva y cumplí la instrucción.
Nunca debí haberlo hecho.
Jekyll se puso un guante, me apretó las vergüenzas y pidió que adoptara la conocida posición de decúbito prono. Pude negarme, pero no lo hice y en un momento, sucedió lo que tenía que suceder. Al salir del consultorio, comprendí la mala cara de los pacientes y me fui a casa para contarle a mi mujer el atropello.
La siguiente visita fue más reposada. Jekyll me mandó al ultrasonido y quedamos de platicar a los quince días. Llegó el plazo y me presenté. Con unas radiografías (que no eran radiografías) en las manos, Jekyll anunció que yo tenía algo que no recuerdo si eran várices o quistes en un huevo. "Eso" agregó "lo vuele a usted técnicamente estéril, debemos operar su testículo".
Desde luego, no volví.
Por algún milagro espermático, me encontraba ahora con mi mujer, sosteniendo una tasa (que luego tiramos a la basura) llena de orina. Esperábamos un cambio de color lo mismo que un agricultor espera la lluvia. Pasaron cinco minutos... el papelito cambió de color... Estábamos embarazados.
El proceso del embarazo -créame- es una de las visiones que más se asemejan al cuarto círculo del infierno. Es horrible.
A lo largo del proceso, mi esposa subió veinte kilos, asunto que combinado con un desajuste hormonal la puso de un humor equivalente al del General Patton. Adquirió costumbres de asceta; no comía porquerías, prescindió de cualquier medicina y vomitó, durante tres meses, cualquier alimento sólido.
Las visitas al médico eran otro infierno. El doctor parecía complacerse en preguntar cosas que hubieran hecho vomitar a un buitre. Cada visita me dejaba lívido.
Luego vino el sicoprofiláctico, al que fui literalmente a rastras. Allí escuchamos varios testimonios que hubieran hecho vomitar a una parvada de buitres. Los padres se complacían en contar como limpiaban la sangre de sus hijos o cortaban el cordón umbilical. Todos parecían conformes con el testimonial. Cuando salimos le dije a mi mujer: "soy un desadaptado".
En las reuniones a las que asistíamos me encontré con la mayor cantidad de expertos en cuestiones de niños. Pasaba yo las horas tomando whisqui, mientras un coro de sádicos se empeñaba en decirme que a los niños había que acostarlos boca abajo o que si su caca era verde no me preocupara. Había otros que advertían cosas como: "los primeros dos años no vas a poder pegar el ojo" o: "si se te queda viendo fijo, seguro es sordomudo". A las viejas pendejas que decían que el embarazo era el estado natural de la mujer, las volteaba yo a ver con una mirada asesina.
Las predicciones del médico anunciaban que nuestro hijo nacería el diecisiete de julio, es decir, el día de la final del Campeonato mundial de futbol. "Perfecto" pensé, "no va a ir ni el anestesista". Sin embargo, paso el diecisiete y el dieciocho... y el diecinueve. Nada. Ya para el día veintisiete, estábamos alarmados y fuimos al Doctor.
La visita fue terrible; el médico anunció que había evidencias de que el cordón umbilical se estaba estrangulando (en ese momento pensé en un niño estrangulado) y que era necesario intervenir en el desarrollo natural de los hechos.
Al día siguiente nos levantamos muy temprano y dirigimos nuestros pasos al hospital. Dejé a Georgina y me fui a cobrar un dinero que, dada la naturaleza de nuestra futura deuda, era muy necesario.
Mi hija nació mientras yo caminaba como baboso en la cafetería del Hospital. Resultó una niña de tres mil seiscientos setenta gramos, sana y fuerte. En el momento en que la llevaron al cunero y me pude asomar por una rendijita, inició la magia; pese a mi predisposición natural a considerar a cualquier recién nacido una cosa horrible, sentí que me conmovía. Ese pedacete era mi hija.
Ya repuesto de la conmoción y sintiéndome la madre Teresa, esperé en el cuarto a la madre, mi esposa, que aún no se reponía del tremendo agujero que traía en la barriga cosido con hilo nylon. Cuando llegó la arropamos y una enfermera hizo mi cama. En ese momento me percaté de que la maleta donde tenía mi ropa, se hallaba en el armario de mi casa a veinte kilómetros de distancia por lo que me acosté semidesnudo.
Exactamente a las tres de la mañana, Georgina despertó dando un grito que aún recuerdo entre estremecimientos. Me levanté y toqué todos los botones posibles incluida la manija del baño. Llegó la enfermera, su mirada me recordó que estaba semidesnudo, me tapé y le administró un analgésico a mi cónyuge que así calmó su dolor.
Al día siguiente llevaron a María, sentí un alivio enorme cuando me di cuenta que no había heredado mi nariz de asiento de bicicleta, le dimos de comer y cambié sus pañales, demostrando un profundo amor ya que -éste es un dato técnico- la mierda de niño huele a máscara de cartón del dieciseis de septiembre.
Tres días después salimos del Hospital; en el momento de pedir la cuenta estuve a punto de volverme a internar ¡trece mil nuevos pesos! Tuve un pequeño triunfo personal cuando devolví la foto que le tomaron sin mi autorización y que costaba treinta y cinco nuevos pesos, de esa manera pagué doce mil novecientos sesenta y cinco nuevos pesos y nos fuimos a casa.
A partir de ese momento María decidió que las tres de la mañana era la mejor hora para comer y nos lo hizo saber con un berrido ultrasónico. De nada valieron mis mejores trucos; la voz del Pato Donald o mi espléndida imitación de Capulina, la niña quería comer y se acabó.
Nuestra vida cambió; Georgina se convirtió en una madre extraordinaria y un servidor aprendió el controvertido tema: "debajo de un botón/ qué encontró Martín/ había un ratón/ hay que chiquitín" (que interpreto en momentos de franca desesperación).
En fin, ahí está María -la de la pata fría- permitiendo que me derrita cada vez que la veo. Lo que -aquí en confianza- me parece muy bien.

miércoles, 16 de diciembre de 2009

Crónica de una relación laboral (Etcétera 1993)

"Ni hablar" dijo Carolina Valdespino es mucho mejor la opción B
Y selló mi destino.
Estaba sin empleo y me había presentado al Centro de Trabajo Universitario. Allí conocí al Licenciado, el ser más miserable del mundo.
"Tienes mucho futuro aquí" dijo "te llamo mañana".
El Licenciado era un pigmeo con el pelo de flequito partido a la mitad. Como cualquier enano que no asume su talla se había dejado un bigote enorme cuyas guías peinaba hacia arriba (una especie de Mini Dalí digamos). Tenía una sola ceja que se movía nerviosa arriba de sus ojitos de musaraña. El era el jefe de la opción B.
No llamó al día siguiente. El que llamó fuí yo a la semana. Me contestó la secretaria Del Valle, una mujer eficientísima que era la encargada de transmitir las mentiras de su jefe.
Así estuvimos un mes. Yo llamaba y ella aplazaba, hasta que un día me indicaron que llevara mi curriculum. En ese momento tuve oportunidad de calar el caracter de mi futuro patrón; "trae todos los comprobantes posibles" dijo, llevé hasta mi diploma del Instituto Campanita donde saqué séptimo lugar de ortografía, tratando de olvidar la mirada de franca desaprobación de mi cónyuge: "no mames" dijo. El licenciado mandaba hacer un cartel y pedía que pusieran su nombre con letras pequeñitas en un costado al lado del nombre del diseñador, luego lo metía a su curriculum.
"Vas a ver que tabulador te dan, te vas a sorprender" . Efectivamente me sorprendí por la mierda que me ofrecieron. Allí dije que nones y entonces me propuso escribir un libro.
Luego apareció la opción A en el mismo Centro de Trabajo Universitario. El sueldo era mejor y decidí aceptar. La condición que puso el jefe de la opción A fue que hablara con el licenciado porque "no quería problemas". La verdad es que me preocupé un poco pero no dije nada y hay que te voy a ver al chaparrín. Se puso furioso; "lo que te ofrezca A te lo ofrezco yo, vente conmigo" En ese momento debí haber dicho que no tenquiu, pero vino la plática con Carolina Valdespino y todo se fue a la merda (en italiano).
De manera que empecé a trabajar para el Licenciado. Era un tipo raro. A lo mejor sus papás le pegaban de chiquito porque hacía cosas extraordinarias; una vez, lo oí hablar por teléfono y decir "por favor no se preocupe, todo está listo, llame mañana" para inmediatamente colgar el teléfono y decir, esta vez a la secretaria Del Valle: "si vuelve a llamar ese tipo, dígale que no estoy", la escena me hizo pensar en las llamadas que yo hacía antes de tomar el trabajo.
Mis compañeros formaban un grupo interesante; estaba Eustaquio Huidobro, un gordo que se sentía cultísimo, digamos el William Sheakespeare del Centro de Trabajo. Era un mamón. Su máxima habilidad consistía en manejar un programa de computadora que nadie entendía. Era misógino y jugaba solitario en su cubículo cuando nadie lo veía.
La Biomédica Sánchez era otro personaje. Padecía de atques de risa muy impresionantes por lo agudos. Su competitividad era envidiable. En las reuniones cuando se explicaba un proyecto decía:
"Fue idea mía"
Estaban luego Sara y Giselle, mucho más interesantes y atractivas, ambas tronaron.
Nos juntábamos todos en el Kings Pub, y la charla giraba alrededor de la mierda de persona que era el Licenciado. El único que no criticaba era yo, lo que constituiría una notable paradoja que entendí más tarde.
El Licenciado estaba encantado con mi eficiencia, hasta me invitó a comer para contarme su vida ("soy medievalista" dijo, "medievalista mis huevos" pensé). Sin embargo, ese trato preferencial tenía sus contrapesos. Una vez llamó por la Biomédica y por un servidor. Entramos a su cubículo mientras sonaba el teléfono. Nos quedamos muy quietecitos en la puerta, hasta que levantó la bocina y nos hizo un gesto equivalente al que emplean los taqueros para cuchilear perros. Salimos muy humillados.
Luego vino la mudanza; el Centro de Trabajo emigraba hacia otras oficinas. El sabado el Licenciado nos citó a todos. Es decir, 2 licenciados en letras, 2 biólogos, una historiadora y un chalán "con ropa informal" aclaración innecesaria en si misma ya que el se presentaba a trabajar con tenis y una chamarra del ejército de salvación toda la mañana nos puso a cargar el mobiliario, él llevaba el papel de la impresora. En el último viaje nos quedamos todos sin movernos y hasta allí llegó a las 2 horas con un humor negro:
"Es el colmo" dijo.
En ese momento Paco, que se había quedado con él en la antigua oficina me contó que cuando vio mi taza y la recogió para llevármela fue detenido por el Licenciado que dijo: "que venga él por ella".
Luego vino el congreso en Xalapa al que fuimos el cieneasta Brailovsky, el joven Bioquímico (ambos enemigos terribles del licenciado) y yo. Cuando mi jefe se quizo colar al coche le explique que yo de cien no bajaba, advertido de que no toleraba la velocidad.
Se quedó en México.
Para el congreso me dio comisiones muy extrañas; una cámara para tomar fotos del evento, que sólo use en la Hacienda de Santa Anna. Una grabadora para almacenar las ponencias que me volaron el último día y que ocasionó un problema terrible que me llevó hasta el jurídico de la Universidad. Poco antes de salir el Licenciado me había ofrecido aumento, al regresar mandó por mía a su oficina y dijo:
"Me dijeron (he allí la notable paradoja) que andas hablando mal de mí"
Debí contestarle que lo extraño sería que alguien hablara bien de él pero me callé la boca y respondí con dignidad real: "¿si?, pues que venga el que dice eso". Ya no le movió.
Poco tiempo después mandó cerrar el baño (que solo usaba él) para que el resto pudiéramos hacer pipí, era necesario bajar un piso y pedirle la llave a una señora que no tenía por que enterarse de que uno se estaba orinando. Luego cuando recibimos línea telefónica, le prohibió a la secretaria Del Valle que nos diera el número de nuestro teléfono. Hubo que írselo a pedir como si fuera un favor. Más tarde se quedó con la única llave de la puerta principal...
Era un cerdo.
Las cosas empezaron a agravarse. Pese a que me había dicho un mes antes que vigilara a la Biomédica y que mi trabajo era maravilloso había cambiado de opinión; "trabajas muy rápido" decía, una idiotez considerando que cada media hora se metía a mi cubículo sin tocar para ver si ya había terminado.
Todo estalló el día del teléfono; me disponía a llamar cuando la secretaria Del Valle me instruyó para que colgara el aparato ya que por indicaciones superiores estaba prohibido hacer llamadas personales. Entré a su cubículo y le dije que no mamara. Esa tarde me mandó a una comisión extraordinaria que consistía en visitar Museos mientras terminaba mi contrato. Fue una época en la que pasaba las mañanas comiendo chicharrones en Chapultepec. Luego me sacó de los créditos clandestinamente. Esculcó mis cajones y habló mal de mí.
A la historiadora la botó de fea manera mandando a la inefable Del Valle a que le prohibiera la entrada. El penúltimo día antes de vacaciones avisó que no me recontrataría cosa que él (y yo afortunadamente) sabíamos desde hace un mes. La biomédica y el gordo me vieron como a un apestado. Sin embargo, tuve la prudencia necesaria de pedir empleo en la opción A y para mi sorpresa (el licenciado me había echado una cantidad de mierda interplanetaria) lo obtuve. El primer día llegué a su oficina:
"¿Vienes por tus cosas?" preguntó
"No, vengo a ponerme a tus órdenes en la opción A, allí si prestan teléfono"
Se le erizó el bigote... Ese día fuí feliz.

martes, 15 de diciembre de 2009

Antesalas (El Financiero 2007)

Recuerdo que hace muchos años acompañé a mi padre a cumplir una gestión que no recuerdo si era la obtención de la licencia para abrir una rosticería de pollos, un permiso de captura de la vaquita marina o la solicitud por escrito para un puesto en el consulado mexicano en Kuala Lumpur. El hecho es que nos presentamos en una oficina más grande que mis malos pensamientos en la que encontré, muy asombrado, una versión moderna de la corte de los milagros. Había gente con muy mala cara y que daba toda la impresión de estar ahí esperando desde la noche de los tiempos. Todos llevaban algún obsequio variopinto que podía consistir en medio kilo de huevo, una gallina de Guinea o una manualidad digna de una demanda penal, pero manufacturada con mucho cariño.
Detrás de un escritorio y sentado de mala manera había un señor de corbata que parecía el producto de algún experimento científico. Su función era la de anotar en una libreta el nombre del solicitante y el motivo de la audiencia. Cuando no estaba cumpliendo estas importante comisión, le pegaba una mordida a una torta siguiendo un principio blitzkrieg, esto es, abarcaba siete cm2 en cada acometida. De pronto sonaba un timbre que acompañaba el encendido de un foco de color amarillo. En ese momento todos veían al de la corbata como Colón a la tierra prometida mientras que éste revisaba la lista y le daba paso a uno que acababa de llegar dejando un misterio indescifrable; ¿por dónde salían los que estaba adentro? Nunca lo supe, lo mismo que el resultado de la encomienda paterna pero recuerdo que al momento de salir se me ocurrió algo que si bien no era un monumento a la lucidez, era medianamente sensato: ¿por qué chingados la gente cita a más de una persona en el mismo horario?
Por definición existe una brecha de castas entre el que pide y el que concede una cita. El primero tiene alguna necesidad y el segundo el poder definitorio acerca de si le da la gana concederla. Los médicos –ese noble gremio- son verdaderos artesanos en el arte de hacer esperar a la gente. Uno llama con el pulmón expuesto a una señorita eficiente y le comenta que necesita una cita. La señorita (supongo) revisa una libreta y dice “el doctor lo recibe el miércoles a las cuatro”. Por supuesto no le preguntan al enfermito si la fecha le acomoda y éste (con cara de que se sacó la lotería) confirma el encuentro. El día y la hora señalados uno se aparece con el pulmón en un frasco y se encuentra a siete personas con cara de nada sentadas en la antesala. Como ellos ya están acostumbrados a este tratamiento, se han vuelto previsores; la señora de por allá lleva su tejido, el niño idiota su nintendo y el compañero sentado a mi lado, las memorias de don Justo Sierra, que en paz descanse.
Recientemente visité un sitio con el propósito de acudir a una cita. La primera notabilidad es que no cuenta con lugar para estacionarse y se encuentra en medio de la nada. La única opción es dejarle las llaves a un señor que es delincuente pero se hace llamar “franelero” para que “lo cuide”. Me negué y encontré un espacio prohibido, pero había otros cincuenta vehículos que violaban ya el interdicto. Entré a mi cita (doce del día). Vi pasar a cincuenta señores antes que yo y a las dos de la tarde también vi pasar a la chingada madre (esto es una metáfora) de la persona que me había citado. Me recibió quince minutos con resultados ambivalentes. Por supuesto en el momento que salí y no encontré mi auto, entendí que algo muy malo había pasado. Le pregunté a uno que era idiota y me dijo “uyyy joven, se lo acaba de llevar la grúa”. Sin embargo, la información importante (a dónde) no la poseía ya que me explicó que eran tres corralones posibles. Tomé un taxi, llegué al primero después de atravesar un puente peatonal con riesgo de mi vida y me encontré a un perro echado y una señora que daba miedo nomás de verla. Por supuesto me indicó que el auto estaba en otro corralón y hacia ya me dirigí, maldiciendo en voz baja las pinches antesalas.

lunes, 14 de diciembre de 2009

Noches de ópera (El Financiero 2008)

Me entero, con cierto pasmo que en el hace unos días se ha presentado la ópera Carmen en el auditorio nacional y se anuncia que se trata de una “producción majestuosa con más de 300 actores en escena (la misma cantidad de habitantes de Tejupilco). Mi pasmo se produce porque la ópera es una manifestación artística que me resulta inescrutable por varias razones; la primera y más evidente es por la facha de los cantantes que a la legua se ve que fueron seleccionados por su voz y no por su aspecto. En el caso de los caballeros normalmente son viejitos con panza de albañil que por razones del argumento tiene que representar a un señor que es guapo y las seduce con la pura mirada. El efecto final es ligeramente repugnante. Las damas por lo general pesan lo mismo que una ternera en pie y son “divas”, esto quiere decir en cristiano “mamoncísimas”, se desmayan porque pasó la mosca, se visten con tiendas de campaña y se pintan el pelo como solo se lo pintaría Madame Mim.
Un segundo elemento son las voces; la primera vez que oí a un cantante de ópera me di cuenta que algo no andaba bien; nadie canta como lo hacen ellos, esto es, con una voz de ultratumba si son bajos, o con una agudeza que destroza la cerilla de los oídos si son sopranos. Por supuesto no debemos omitir el nada omitible hecho de que esta gente se comunica cantando y no como usted y como yo, que nomás platicamos. Esta desgracia es exportable a muchas películas en las que está el joven galán con una buenona y de pronto sin previo aviso se oyen unos violincitos que nadie puede ver y que son el preámbulo para que este idiota le cante a la bella que entorna los ojos de una manera horripilante.
Las óperas también requieren un vestuario específico que normalmente es escalofriante; los cantantes pueden salir de soldados romanos, de geishas o lo que es peor aún de toreros como es el caso de “Carmen”. Como es bien sabido el traje de matador de toros fue diseñado por alguien con iniciativa pero hijo de la chingada, ya que hay que tener muy mala leche para vestir a alguien con unos pantalones tan ajustados que causan orquitis, mallitas rosas, un chaleco tres veces menor a la talla normal y un sombrero de telera. En el caso que el intérprete del papel del torero en Carmen pese cien kilos, nos enfrentaremos al sorprendente espectáculo de observar a un zepelín multicolor en el escenario.
Por último se encuentran los libretos que son dignos de una demanda penal; el de Carmen trata la historia de don José, uno que es sargento y bastante imbécil ya que no se da cuenta que Carmen es, de acuerdo a la sinopsis “una cigarrera nacida para el amor” lo que equivale en cristiano a decir que es meretriz. Ambos se enamoran, pero ella nomás le trae malfarios a José; cuando la meten al bote él la deja escapar y lo castigan, luego lo convence de que se vaya al monte a tratar con contrabandistas mientras ella quiere conocer en el sentido bíblico a un torero famoso que se llama “Escamillo” (si yo me llamara Escamillo viviría en Alto Volta)
Las cosas se precipitan ya que Escamillo sube al monte (imaginar a un torero en el monte) y cuando están a punto de agarrarse a madrazos los dos rivales, le llega la noticia a José de que su madre agoniza por lo que deja a Carmen y a José haciendo valer la ley del mismo nombre, es decir, la del monte.
Llega la corrida de toros y aparece José, pero Carmen decide desdeñarlo en una decisión pésima para su salud ya que en ese preciso instante José saca un puñal y la manda al más allá en el momento justo que Escamillo mata a su vez al toro siguiendo un método similar.
Como puede verse el asunto resulta ligeramente infumable y es por ello que a toro pasado explico mi ausencia de tan memorable evento. Francamente prefiero las luchas o ya de perdida una película de Pepe el Toro.