sábado, 28 de noviembre de 2009

Dos de Televisa dos (Etcétera 2008)

Hace no mucho escribí en estas páginas que el advenimiento de una competidora para Televisa en los tiempos en que Salinas Pliego pujó por Azteca nos había brindado esperanza a un grupo de idiotas que nunca entendimos el desastre que se avecinaba; Azteca simplemente multiplicó por dos la imbecilidad televisiva de la que todos hemos sido víctimas. Digo lo anterior por la sencilla razón de que hace no mucho una señora muy lista dijo en una entrevista de radio que las frecuencias se “tendrían que abrir” (imaginar frecuencias abriéndose) para evitar este duopolio que nos tiene a varios hasta la mismísima madre. Por supuesto si el efecto de esta apertura es el de hacer exponencial la propuesta de la televisión mexicana, más vale que nos agarren confesados y así -sin confesar- me tomaron dos iniciativas recientes del grupo Televisa.
La primera se vincula con la transmisión de los juegos olímpicos en la que fui testigo de hechos prodigiosos. Porque prodigioso es que viaje una delegación televisiva que supera en número a los atletas para presentarnos lo que nos presentaron. Lo que una persona lúcida esperaría es que un grupo de comentaristas especializados asistiera a las justas deportivas y nos narrara expertamente lo que ahí acontece. Sin embargo quien haya tenido la oportunidad de escuchara a Pepe Segarra gritar cosas como: “¡La diosa de ééébanooo, padres queridooos!” convendrá conmigo que por lo menos en este caso, se trata de un acto fallido. Hasta ahí estarían las cosas (un locutor estridente) de nos ser por la propuesta de “entretenimiento” que ha sido diseñada por un conjunto de idiotas y que parecería en su conjunto seguir una línea conceptual definida como: “Vayan a China, búrlense de los Chinos lo más que puedan y traten de ser chistosos”.
Por supuesto el efecto final se resume en dos cómicos que se fingen homosexuales españoles, una mano con ojos que alburea a gente que no entiende lo que le dice, una señora disfrazada de menesterosa (creo qué en México la gente no entiende que se están pitorreando de ella y por eso le da risa) acompañada de “su hijo” y un señor de nombre Facundo que ideó cosas para “averiguar si la paciencia de los chinos era una fama bien ganada” o se podían exasperar ante un idiota, agregaría yo editorialmente. También apareció Nadia Comaneci con cara de la mamá del muerto haciendo comentarios indescifrables, una buenona que presentaba espectáculos repugnantes y un niño oligofrénico con peinado de príncipe valiente y voz de pito apodado “El reporterito” (¡el reporterito! Dios mío) que decía cosas como: “%%&()?/%%&” y luego traducía: “el niño dice que le gustan los pescados”.
Lo tristemente notable es que Televisa arrastró en el rating a Azteca (que intentó lo mismo nomás que paupérrimamente), lo que me deja una sensación de orfandad intelectual de la que no me he podido reponer.
El segundo ejemplo ocurre los domingos en la noche en el canal dos. Se ha diseñado un formato de concurso en el que se elige a alguien medianamente famoso, como el hijo del perro Aguayo, y se le pone al lado de gente llamada “soñadora” que intenta hacer el ridículo a cambio de alguna prebenda económica. En este formato he visto cirqueros, gordos enormes tratando de bajar de peso y más recientemente a un grupo de gente que debe cantar y bailar para que un grupo de jueces que son mamoncísimos e ilegibles les pasen el camión por encima. Los familiares aparecen eventualmente echando porras y bendiciones, los soñadores se enfrentan a sus quince minutos de fama y el público (que imagino con la misma lucidez que mi pisapapeles) asiste al estudio con pancartas y matracas.
Cuando veo cosas como las que ejemplificado recurro a la misma pregunta de siempre ¿es esta la televisión que merecemos? Por supuesto concluyo que la respuesta es afirmativa y empiezo mis plegarias porque a alguien se le ocurra liberarnos de este tormento. Por cierto, si alguien cree que la salida es programar una orquesta de música clásica o a una nube de snobs explicándonos el origen de la palabra “pápaloquelite”, me apresuro a decirle que no es ahí por donde imagino la salida.
El problema es que creo honestamente que no hay salida, lo cual no deja de ser deprimente.

viernes, 27 de noviembre de 2009

Coyoacán (Etcétera 1999)

Uno de los barrios de mayor interés sociológico es Coyoacán, fuente inagotable de observación.
En Coyoacán se advierten prodigios a cada paso; hay un hombre de voz siniestra que lee la mano y descubre adulterios (¡ven a ver si te ponen los cuernoootes!). Dice la leyenda que a las bellas las manosea mientras le escurre baba por las comisuras de los labios.
También hay mimos que hacen reir a la gente a costa de ella misma; las víctimas, generalmente son pobres diablos que pasan de prisa mientras el cómico los imita o de plano les mete un susto utilizando un perro de pelusa que les restriega en el fondillo.
En Coyoacán además de miles de palomas que se cagan en las estatuas de dos coyotes que parecen perros, hay miles de hombres y mujeres que venden chácharas cósmicas: pachulí, incienso, pirámides de energía y otras yerbas (en el sentido literal). También hay músicos que son fuente de sobresaltos extremos; está uno tomándose tranquilamente su café cuando de la nada, brota un charango y detrás del charango un tipo que canta "carnavalito cholitooo" con los ojos entornados.
Otros vendedores rematan colguijes y colgajos, flautas o ropa de Acamapichtli Tetenotzin. Se ofrecen servicios para fabricar trencitas que dejan calva a la gente o se practican perforaciones en la nariz a los visitantes que llegan a puñados.
Coyoacán es un refugio para los aspirantes a cualquier tarea intelectual. Si nos fijamos con atención encontraremos a un hombre barbado tomando notas frente a una tasa de café, las pausas en su trabajo son estudiadas y tienen la misión de advertir: "atención, aquí estoy, produciendo, creando", luego vuelve a su trabajo y a su nota que es, muy probablemente, la receta del pescado empapelado. Aquel de más allá, el de saco de pana, ofrece fragmentos de su última novela a un amigo que a esas alturas avanza ya al territorio insondable de la catalepsia. En otra mesa dos jóvenes teatreros hablan de la "propuesta escénica" sin que les dé vergüenza que los oiga la gente.
Si queremos ver a los verdaderos intelectuales, tendremos que esperar al domingo ya que están en su casa escribiendo o pintando.
Recientemente Coyoacán ha sido tomado por jóvenes, muy jóvenes que vienen de todas las escuelas activas del mundo. Portando sombreros de pesadilla y aretes en las narices, se sientan en los bares, piden wisquis dobles. hablan de "La maldita" o "La Santa" y se dan unos besos de escándalo. Todo ello con el desenfado producido por el contacto de muchos años con la señora Montessori y el señor Piaget.
El último alarido de la moda para los jóvenes activos es horrible: se visten de negro con ropa tres tallas mayor y lucen como Tontín el de Blancanieves. El pelo lateral es cortado a rape y el de la coronilla se deja caer libremente por los parietales lo que sugiere la forma del Nevado de Toluca. La mota les produce trastornos divagatorios terribles, en su charla los ejes ordenadores del lenguaje se alteran de una manera dramática lo que genera la impresión de que se está hablando con un finlandés y no con un joven activo.
Son insoportables.
El quince de septiembre Coyoacán luce sus mejores galas: es la noche del "Grito", la plaza se llena de puestos, la gente se llena de buñuelos y los asaltantes se llenan de carteras. La experiencia podría compararse con la de viajar en un vagón del metro al que le caben veinticinco mil personas y que va atestado. A las once de la noche el Delegado (una figurita que se pierde en el tumulto), se asoma por una ventana, saca una bandera y da el grito, luego regresa a sus oficinas a cenar con vino francés. La gente grita consecuentemente y después se dedica a caminar comiéndo elotes (cuya capacidad como arma contundente ha sido demostrada por varias víctimas lobotomizadas por un impacto).
El destino es incierto, en realidad se dan vueltas en círculos portando bigotes de Pancho Villa que producen septicemia. Luego hay que agredir a huevazos a más gente que uno no conoce o esquivar los cohetones que un grupo de sicópatas avientan aleatoriamente. A las dos de la mañana todo mundo se retira cuando algunos adolescentes se dedican a jugar coleadas y le aplastan la cara a tres niños. El coche, que ha quedado a una distancia equivalente a la que existe entre México y Yautepéc invariablemente es desvalijado.
La iglesia de Coyoacán es muy rara y en ella se presentó hace algunos años un fenómeno que me parece de interés sociológico. Resulta que una de las paredes del costado del templo, presentó una mancha de humedad que inmediatamente fue diagnosticada por el beaterío como la imagen de la Virgen. Al rato, el lugar se empezó a llenar de flores y de peregrinos que venían en busca de consuelo, la respuesta de un hombre seguramente formado bajo los cánones metodológicos de Francis Bacon fue simple: mandó encalar la pared y los peregrinos tuvieron que retirarse, con todos y sus ilusiones, a bailar a Chalma.
Los fines de semana Coyoacán se viste de fiesta y a ella van convocados cuarenta y cinco mil capitalinos. Las librerías se llenan de gente que lee de gorra o tapa el baño. En los cafés hay cola y los baratijeros despiertan de su letargo semanal. Ante tal afluencia la policía decidió tomar una medida ejemplarmente pendeja que consistió en prohibir la circulación de los automóviles. Esto ha determinado que las personas que logran llegar a la plaza coyoacanense, luzcan un tono azuloso producido por la caminata de cuatro hilómetros.
Es pues Coyoacán un abrevadero al que van a beber las clases ilustradas. La mamonería que se respira sólo es superada (esto que escribo será una fuente de desgracias) por la de los colonos de la colonia Condesa que sienten a su barrio como la Atenas capitalina... Qué con su pan se lo coman.
* La primera versión de este texto, fue utilizada como guión por Felipe Cazals para la producción de un programa sobre la Ciudad de México. La segunda versión forma parte de un libro que espera la luz en Editorial Planeta, a ella, salvo ligeras modificaciones, corresponde este ¿ensayo? (N. del A.)

jueves, 26 de noviembre de 2009

Razones para no quedarse calvo (Etcétera 1994)

Este es un mundo en el que la diversidad es una constante; existe gente alta, flaca o gorda. Hay quien tiene verrugas con pelos en la cara o lunares siniestros. El color del cabello puede variar desde el pelirrojo (cuyo poseedor se apodará inexorablemente Archi de por vida) hasta el morado tipo algodón de azúcar de las viejitas octogenarias.
Es precisamente de pelo (debería decir de su ausencia) que quisiera hablar en esta oportunidad... veamos:
Cuando un niño llega a la adolescencia, sufre una serie de cambios notables: después de hablar unos meses como Pepe Trueno se le engruesa la voz, se anuncia la aparición de la barba y el bigote (aunque hay excepciones como mi amigo Toño Mancebo que a los doce años parecía Carlos Marx) y le salen chipotes por todos lados. Además se llena de vellos en sus vergüenzas y empieza a corretear a la sirvienta (o siguiendo la sabiduría de Chucho Murillo, se lleva a la novia los Dínamos). Entonces aparece en escena el tío Julián, se le queda viendo al púber y anuncia:
--Ese niño va a ser calvo.
El pronóstico se cumple inexorablemente.
Los calvos de nuestros tiempos son un equivalente piloso de los leprosos de la antigüedad. En la escala de la desgracia social, los pelones se encuentran un escaño abajo de los gordos gelatinosos e inmediatamente arriba de los judiciales con diente de oro. Recuerdo que cada vez que le iban a presentar un candi(¿dote?) a mi tía la del árbol (llamada así porque hizo mierda un árbol de Navidad una noche de copas) preguntaba: ayyy ¿y no es pelón?.
Esta opresión hacia los alopécicos ha determinado respuestas francamente indecorosas. Un argumento paradigmático que enarbolan los grupos pro-calvo, apela a la apostura de Yul Bryner, Sean Connery o Robert Duvall. Desde luego, no conozco a ningún calvo que se parezca (ni a nivel celular) a los actores mencionados, al contrario, sus símiles más logrados son Lex Luthor, el señor Paz o Pistachón Zig-Zag. Estas comparaciones no pueden sino ser un camino directo a la depresion.
Otra razón que justifica la calvicie, es aquella que atribuye a los hombres sin pelo una inteligencia notable. Esta, por supuesto, es una tontería. Podría dar una lista interminable de calvos cuyo coeficiente intelectual es equivalente al de una puerta de baño.
La tercera falacia acerca de la calvicie plantea que los pelones son muy viriles y se nos dice (no sin cierta vulgaridad) que tienen pelo donde se debe. Mentira, el espectáculo más repugnante que he presenciado en mi vida sucedió en Huatulco cuando presencié a un pelón untarse crema de coco en una espalda que parecía tapete de avión. La mezcla entre el aceite y el pelambrero era escalofriante.
En realidad si de buscar razones se trata, es mucho más simple hallar un ramillete para que todo aquel que sienta su cabellera en peligro la conserve a toda costa. Revisaré a continuación algunas de estas razones:
1) EL QUESO DE OAXACA.- No hay que quedarse calvo porque uno de los recursos más siniestros para ocultar la ausencia de pelo es la técnica del quesillo. Es muy simple: el pelón se deja crecer hasta la nuca el pelo de uno de sus costados, posteriormente toma un litro de goma de tragacanto y se acomoda la masa pilosa sobre la coronilla. Al verlo uno recibe la vaga impresión de que el sujeto en cuestión trae un gato en la cabeza. Un segundo problema es que al meterse a la alberca, nuestro protagonista tiene que nadar con la testa de fuera, como hacen las viejas gordas en Oaxtepec. Además cada que hay ventolera es necesario inclinarse a favor del aire lo que le confiere al pelón un aire como de Karen Carpenter cantando Close to you.
2) EL PUNTO DE REFERENCIA.- Uno no debe quedarse calvo para evitar convertirse en una referencia obligada. "Allá, al lado del pelón" dice la gente. Una derivación terrible es la que determina que durante la celebración de las fiestas patrias en Coyoacán, la coronilla de un hombre calvo, sirva como objetivo para una lluvia de elotazos que lo pueden dejar pendejo de manera indeleble.
3) EL FUTURO POLITICO.- No hay que quedarse calvo si se tiene alguna ambición política, recuerde que tres de nuestros últimos cuatro presidentes han sido calvos. Esto quiere decir, de acuerdo a mi amigo José Luis Osorno un experto en estadística, que la probabilidad de que los siguientes seis mandatarios de nuestro país sean pelones, es de 1/54, cifra necesaria para atinarle al Melate. La sabiduría de esta predicción se confirma al analizar a los candidatos a la presidencia; podríamos, en un abuso retórico, decir que a lo mejor no hay propuesta pero eso sí, mucho pelo.
4) EL BISOÑE.- Probablemente el último recurso de un pelón es el bisoñé. Por algún misterio indescifrable, los diseñadores no han logrado producir un peluquín veráz y esta incompetencia salta a la vista. Cuando uno se fija en alguien que trae su aplique destacan inmediatamente dos factores: a) parecería que el pelo le emerge del bulbo raquídeo y no de la nuca como a la gente normal b) el interfecto evita estornudos, toses y en general todo movimiento que pueda hacer peligrar la integridad de su melena. Esta última característica lo convierte en un equivalente urbano de Gandhi, nomás que con peluca. Además ¿qué tal si el dueño del peluquín se involucra en un lance amoroso y su amada le quiere acariciar el pelo? ¿Se quedaría con él en la mano? Guácala.
5) LOS IMPLANTES.- El único señor que al que le vi un implante parecía muñeca Mi Alegría, se le notaban unos puntitos rojos de los que salían muy timidamente unos pelitos como de tapete para las visitas.
-Se hizo un implante- me dijo mi mujer muy quedito, y agregó: -le salió a dólar el pelo.
-¡Quééé!- grité -¡¿un dólar por pelo!?
Georgina nunca me lo perdonó.
6) LOS CHISTESAZOS.- Una última razón para no quedarse calvo es para evitar convertirse en el blanco de chistes mamones entre los que destacan: a) no tienes un pelo de tonto b) :agáchate porque das charol" c) tráes quemacocos y palanca al piso d) ya se te ven las ideas... etcétera.
No, en realidad la gente nunca debería quedarse calva por estas y otras muchas razones. Sin embargo hay ocasiones (como en mi caso) en que es demasiado tarde.
Ni modo.

miércoles, 25 de noviembre de 2009

Desmentidos (Etcétera 2009)

Hay días que uno se levanta para revisar los diarios con cierta abulia, ya que se pueden encontrar notas como: “halló a su esposa en video pornográfico” (El Universal); “reclama Cyrus (¿quién carajos es Cyrus?”) dejen de llamarla gorda” (Reforma) o “maldita mediocridad” (Milenio). Es por ello que a mediados del mes pasado puse los ojos como platos ante un par de notas que estallaron como estalla una chinampina en medio de la histeria asociada a la influenza, que me hizo hacer de mi casa un bunker y de mi aspecto el de alguien que está a punto de ser infectado por hordas de virus volantes.
En tal condición me hallaba cuando me encontré con un par de escándalos mediáticos que llamaron poderosamente mi atención, se trata, en primer lugar de la entrevista que Carmen Aristegui le realizó a Miguel de la Madrid en su casona de Coyoacán y de la cual se difundió el audio ad nauseaum. En principio todo parece en orden, una señora que es periodista le pide a un señor que es personaje público la oportunidad de hablar con él, se concerta una entrevista y esta se lleva a cabo. Por supuesto que lo que uno espera es que ocurra algo que genere hueva interplanetaria debido a su enorme predictibilidad (la predictibilidad es enemiga de la noticia). Es decir, que el ex presidente declare que el gobernó a toda madre, que no se arrepiente de nada y que desea que el país vaya de lo mejor. Bien, a veces los astros se juntan y ocurre lo que los clásicos llaman “la nota”. Esta se debe a varios factores, señaladamente que a los entrevistados les vale madre todo porque ya están más allá del bien y del mal por diversas razones. En el caso de la entrevista que yo escuché y digan lo que digan los analistas, percibí a un viejito diciendo cosas muy extrañas que eran atizadas por la entrevistadora. Uno no puede sino sonreír cuando a alguien le dicen cosas “oiga pero es muy grave lo que usted dice” y percibir que el otro entiende poco de lo que está hablando. De cualquier manera la nota generó una respuesta lamentable (y predecible) desmintiendo todo lo dicho debido a que el declarante está gagá. De inmediato iniciaron las especulaciones; que si Salinas dictó la carta, que el hijo de de la Madrid es poco menos que un tlacuache y que los priistas operaron para controlar los daños. ¿Cuáles daños? En este país la sospecha de que los Salinas se clavaron hasta las bacinicas nunca desaparecerá y cierto es también, o por lo menos eso creo, que esto no se podrá probar jamás. Hasta ahí las cosas, lo que realmente inquieta es el papel que pueden jugar los medios en medio de las campañas políticas ya que de una o de otra manera, interesadamente o con la mejor de las voluntades, se ponen al servicio de causas que son muy ajenas a la labor de comunicar.
En este lodazal el segundo caso que llamó mi atención es el del senador Monreal que tuvo que salir a desmentir la veracidad de la información acerca de que su hermano tenga que ver con el narco. Desde luego llama la atención el hecho de que un señor que es dueño de una propiedad no se entere de que en ella hay toneladas de mariguana y eso debe ser investigado. Sin embargo, nuevamente, las respuestas, que los medios atizan día con día, tienen que ver con la putiza literal que se está poniendo Amalia García y Ricardo Monreal, lo que me llevó a enterarme que entre los dos tienen a más parientes en la nómina estatal que arrugas mi venerada Tigresa.
Las lecciones que saco de estos enjuagues son simples: a) viene una ola de porquería que se tirarán los unos contra los otros y la caja de resonancia no puede ser otra que los medios de comunicación b) los medios van a reproducir este lodazal porque ello les genera mayores utilidades c) en algunos casos los medios filtrarán información que no convenga a sus intereses y detonarán la que les beneficia.
Guácala.

lunes, 23 de noviembre de 2009

Festejos (El Financiero 2005)

Para Germán Dehesa con agradecimiento
Los mexicanos somos una raza megalómana, si hay que construir una pirámide, se emprende el proyecto a lo bestia ¿un estadio? pues el más grande del mundo donde la gente fodonga puede observar el partido cómodamente sentada y no parados como ocurre en Maracaná. El último proyecto que se me ocurre es el de la biblioteca nacional donde entiendo van a depositar todos los libros habidos y por haber con el fin de que los mexicanos leamos más.
Con los festejos el asunto se repite pero a otra escala y para dar prueba de ello daré un testimonio personal. Todo empezó en una comida con mis amigos Memo y Víctor. Por algún hado misterioso nuestro cumpleaños se festeja con un día de diferencia, es decir Memo cumple el día 16, yo el 17 y Víctor el 18. Como cada año es un desmadre porque los festejos coinciden, decidimos que era una buena idea hacer una fiesta común para lo cual su servidor ofreció su humilde morada. De inicio pensamos en algo modesto; algunos invitados un tocadiscos y el alcohol en cantidad razonable. Pues bien, entre esta idea original y el resultado media un abismo que tiene con ver con nuestras dotes de planeación.
En primer lugar se realizaron las listas de invitados que fueron creciendo como mi agobio ya que el día jueves ya íbamos en 150 cristianos confirmados y dispuestos a agasajarnos. Ello supuso un arreglo logístico equivalente a la del desembarco en Normandía. Por si usted lo ignora, querido lector, armar tal desmadre supone: a) un toldo más grande que mis malos pensamientos, por el temor a la lluvia b) una tarima por el temor de que al pasto se la cargara la chingada c) platos y copas de a de veras por la paranoia de que nos tacharan de nacos y ecocidas d) señores que son meseros dentro de los cuáles se hallaba uno que era sordo y servía ron en lugar de vodka e) una dotación de tacos cuyo eficiente sistema de servicio logró la memorable hazaña de que el tiempo de espera para comerse uno de pastor, fuera el mismo que el de un vuelo México-Tijuana. F) un jovenazo que pusiera música al cuál le expliqué nuestra edad y respondió: “no hay problema, mis papás tienen ésa música” g) la ingenua pregunta de Víctor acerca de cuántos pasteles eran necesarios (ingenua porque pensó que yo tenía la respuesta) h) la compra de 18 bolsas de hielo que en este momento ya formaron un modesto riachuelo que trae espantado al perro.
Muy bien, cuando todo estaba listo citamos a las 2:30 p.m. a nuestros invitados y nos dispusimos a esperar. Exactamente a las 3:00 p. m. había 11 comensales lo que presagiaba un fiasco ya que a cada uno de ellos le hubieran tocado 67 tacos y 37 cervezas. De pronto tocaron la puerta y se presentó un viejito al que no tengo el gusto, accedió a mi hogar, me pidió hacer una “escala técnica” y se sentó muy pachucho a chupar. Asumí que era amigo de Víctor hasta las 3:47 p.m. momento en que se levantó y declaró solemne que a él lo habían invitado a una reunión de amigos de Creel y que no sabía que hacía ahí. Como nosotros tampoco teníamos la respuesta se fue muy apenado.
Al rato empezó a llegar la gente y se armó el desmadre. El mesero sordo logró el prodigio de empedar a uno que no toma. A las damas asistentes, les pareció que era buena idea que un servidor bailara cumbia durante cuatro horas, lo que me dejó dos consecuencias: un espasmo en las corvas y un olor como a rebajador de pintura que salía de todos mis poros. Ya entradones, decidí besar a Memo y a Víctor ante la evidente desaprobación de sus hijas. Terminamos, los hijos de la madrugada generando planes propios de gente que no está en uso de facultades pero muy contentos. Es por ello que a todos mis amigos les agradezco, con lágrimas en los ojos, su visita a estos lares y los convoco a una cooperacha para la adquisición de un aparato de auxilio auditivo para el mesero sordo, no sea que vaya por la vida embriagando más gente.